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“Francisco ha dejado esperanza”

“La Peregrinación Misionera del Obispo de Roma en Latinoamérica continúa en el corazón de Francisco y en el de tantas personas y comunidades”, divulgó Radio Vaticano al encabezador la transcripción de una entrevista de María Fernanda Bernasconi al jesuita Guillermo Ortiz.

En la misma, se rememora el viaje de Ortiz con el Papa a Ecuador, Bolivia y Paraguay.

Reproducimos algunos fragmentos de dicha entrevista, sobre todo, aquellos que hacen mención a nuestro país.

– Guillermo, muchos dicen que el Papa se sintió más a gusto en Paraguay. En realidad hemos visto a un Papa sonriente,  a un Papa afectuoso, a un Papa enamorado del pueblo y a un pueblo enamorado del Papa en los tres países. Algunos tal vez lo digan, por la cercanía de la Argentina con Paraguay, porque el Papa antes de ser Papa, tuvo oportunidad de estar diversas veces en este país. Vos que estuviste ahí, ¿Qué nos podés decir de esto que ha levantado un poco de debates entre los periodistas y la prensa?

– Creo que hay un ambiente diverso en Paraguay. Hay una situación política diversa tanto en Ecuador como en Bolivia. Y en Paraguay se vivió sin esta tensión. No quiere decir que en toda América Latina no haya corrupción, ni que en cada país no haya cosas bastante serias, pero en Ecuador y Bolivia se veía y aparecía  frecuentemente esta cuestión política. Simplemente me voy a referir a lo que, con mis propios ojos, detrás del auto del Papa, yo vi. En el camino del aeropuerto a la ciudad, cuando recién llegamos a Ecuador iba primero el Papa con la comitiva, después íbamos el grupo de periodistas y después iba la comitiva de Gobierno. Ahí la gente gritaba por un lado: “Viva el Papa”, con cruces y carteles. Después dejaban eso apartado y levantaban otro cartel en contra del presidente, porque era una sola marcha y querían demostrar al menos, que en ese momento en Ecuador, había manifestaciones porque el Presidente quiere proponerse nuevamente como candidato y la gente no acepta eso. En Bolivia, sabemos el fuerte acento político que puso el presidente Evo Morales, a esto con sus discursos. Entonces, en Paraguay ha sido todo más tranquilo en este sentido, es decir, políticamente no hay tanta efervescencia. En Bolivia tomaba testimonios a la gente y además de expresar su alegría por la visita del Papa y su deseo de recibir la bendición, esta palabra tan importante para nosotros; me hablaban de problemas de injusticia, de presos políticos, de una realidad que si bien, puede ser parte de la gente, de alguna manera esa tensión y esos conflictos de tipo social y político, aparecieron mucho más en Ecuador y en Bolivia, que en Paraguay, donde hay una cierta cercanía con respecto a Argentina. No nos tenemos que olvidar que en el Gran Buenos Aires hay gente de otros países y la comunidad paraguaya, es más de un millón. Es muchísima gente. Yo mismo he trabajado cuando el Padre Bergoglio era el Párroco de la Parroquia del Patriarca San José; en San Miguel, Gran Buenos Aires, Argentina. Teníamos muchísimos paraguayos en nuestros  grandes barrios, barrios de obreros donde también hay Villas Miseria. Entonces, hay un contacto muy grande, ya desde  el Gran Buenos Aires, desde San Miguel. También en Buenos Aires,  hay una parroquia de Nuestra Señora de Caacupé y el Padre Bergoglio presidía la procesión que hacían y ahí iban todos. Es decir, hay un gran contacto con el pueblo paraguayo a partir de la gente paraguaya que está en Argentina y de parte de Bergoglio, cuando en su tiempo estaba de párroco y luego como Obispo en Buenos Aires.

– Sí eso explica muy bien a quienes han querido hacer polémicas, que en efecto no hubo. Volvamos ahora a Caacupé, que es una de las últimas etapas de este gran viaje, bajo el signo de María, la primera discípula de Jesús, la Madre de la Iglesia, la Madre de los Apóstoles. Vos estuviste ahí, con lo que viste y oíste, con las personas que entrevistaste. ¿Cómo podés definir lo que fue Caacupé en este Viaje Apostólico del Papa Francisco?

– En Caacupé, el Papa Francisco dijo: “Estoy en  casa”, en el sentido más amplio y a la vez más profundo de la palabra. La casa implica la madre, implica la familia, y vuelvo a insistir en que me llama mucho la atención hasta qué punto el Papa tiene integrado  no sólo estos dos aspectos fundamentales de la peregrinación y la misión, el ser peregrino y a la vez misionero como aparece en el documento de Aparecida y en Evangelii Gaudium, sino hasta qué punto el Papa tiene integrado en su corazón los distintos amores, la Carne, la Sangre y la Fe. En el Santuario de Caacupé que tiene una historia muy especial porque es de alguna manera un gran milagro. Por el año 1600, un indio de las misiones se encuentra con un grupo de indios que eran enemigos y que eran muy peligrosos. Entonces él le pide a la Virgen que lo salve de ese encuentro y que si salía vivo, él que era escultor le haría una imagen. Entonces siente que la misma Virgen le dice: “escondéte  detrás de la yerba mate, un arbusto”. Entonces el indio corre, se esconde detrás de un gran tronco de yerba mate y los indios enemigos que trataban de capturarlo, pasan de largo. En agradecimiento por haberlo protegido, el indio cuando logra volver a la selva, saca madera de ese arbusto y con eso construye dos imágenes una de las cuales es la que está ahí en Caacupé. Posteriormente, del oratorio que construyó el indio con su familia, surgió el poblado y el Santuario de  la Virgen de Caacupé. Tupasy Caacupé, quiere decir la madre de Dios detrás del árbol, detrás del árbol de la yerba mate. De ahí, de alguna manera sabemos lo importante que es la casa como lugar, pertenencia, identidad, misión; esto es lo que somos, esto es lo que hacemos, esta es nuestra familia. El Santuario de Caacupé,   donde tantos peregrinos tanto paraguayos, como no paraguayos llegados de muchos otros lugares, es un lugar muy significativo en esta peregrinación de Francisco, en este Viaje Apostólico a Ecuador, Bolivia y Paraguay.

– Claro, el aspecto de la Madre es sumamente de consolación, pienso; pero también estaba pensando en el aspecto del dolor, no sé si querés regresar un poco a la visita del Papa Francisco al Centro de detenidos de Palmasola, en Santa Cruz, Bolivia. Es cierto, todos nacemos marcados por el pecado original, pero es distinto tener en cuenta presos con grandes delitos. Por supuesto, lo importante es pagar a la justicia terrenal y la conversión. El Papa desde que es Papa, repite constantemente “Dios es misericordioso”, ahora vamos a tener  un año jubilar de la Misericordia y el Papa insiste en que “No hay pecado que Dios no pueda perdonar, lo importante es arrepentirse”. ¿Habrá dejado esperanza en el corazón de esta gente en un cárcel tan difícil,  tan característica digamos,  de los países de América Latina? Desde un punto de vista exterior hasta terrorífica porque se habla de 2800 detenidos con 1500 personas que forman parte de sus familias, o sea; se trata de un barrio bastante marginado.

– Sí, Francisco ha dejado esperanza. Yo diría que Francisco ha confirmado en la esperanza porque la gente ya lo recibe con esperanza. En esta cárcel, donde nos sellaron dos veces en la muñeca derecha y nos pusieron un brazalete distintivo de plástico duro, como signo de que nosotros éramos visitantes, el cartel más grande y que más se repetía decía: “No hay rejas que nos puedan separar de Dios”. Hay capellán y he visto  también templos evangélicos; los evangélicos suelen hacer mucha misión en las cárceles. En esta cárcel si bien son muchos, no sé el total exacto pero me hablaron de una cantidad de 5000 personas, incluyendo a las familias; la gente recibe con esperanza el mensaje del Papa. Volviendo al punto de los aspectos fundamentales de este viaje, peregrinación y misión, destacamos que el peregrino va buscando el amor de Dios, con la oración, con la peregrinación y con el hacerse discípulo de Cristo se llena del amor de Dios y sale a compartirlo: compartir el amor de Dios, es como una caricia que une las esperanzas. Francisco ha salido en este viaje a Ecuador, Bolivia y Paraguay, para compartir el amor de Dios como testigo. Como lo que dijo en la cárcel: “Se preguntarán ante quién están. Yo soy un perdonado”

Esa es la alegría, el gozo, la esperanza y la sonrisa de Francisco. No es la alegría de aquel que es aclamado, sino la alegría de aquel que quiere compartir con las personas, la alegría de haber sido perdonado, como él insiste constantemente, que él es un pecador perdonado y como dijo en la cárcel delante de los detenidos  “también yo debo hacer penitencia”. Francisco que ya ha visitado más cárceles en Roma se pregunta ¿Por qué él y no yo? ¿Por qué está preso él y no estoy preso yo? Es un concepto ignaciano muy importante, porque dice San Ignacio en los Ejercicios espirituales lo importante que es considerar lo que padecen los dañados por el pecado y cuántos por un solo pecado han sido condenados. Alguno puede considerar que el tema del infierno es una cuestión antigua, vieja; pero sin entrar en ese aspecto, pienso que para incluso los que no tienen fe, hay situaciones que son un infierno. Hay situaciones aquí, en esta vida, no después de la muerte, donde purgamos, nos limpiamos y purificamos. Sin embargo, nuestras cárceles tienen todo lo contrario. El sistema carcelario es un sistema muy injusto donde se sufre muchísimo, además de lo que los presos  pueden hacer incluso cuando están dentro. En Palmasola se dice que los policías no entran al barrio de noche y ha habido muertos, no sólo individuales sino en grupo, o sea que ha habido hasta “guerras” dentro de estas cárcel que es este gran barrio de Palmasola.

Publicado en: Radio Vaticano

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