En la misma se puede observar que entre ambos se dicen cosas al oído y en un momento dado, el Mandamás se echa a reír a las carcajadas, contagiando a la monja, quien se retira de la escena con un gesto de alegría que va de oreja a oreja.
Es más, fue tan profunda y natural la risa de Cartes que hasta los que estaban a su alrededor también formaron parte de este momento compartiendo con una sonrisa.

