– ¿Qué, y se te lanzaron algunas señoras?
– No. Las señoras me piropeaban, pero todo era por sus maridos. Fue simpático. Ellas mismas empujaban a sus maridos a que se acerquen, para que se tomen fotos conmigo. ¡Agarrala, negro, aprovechá!, les decían a sus maridos. Yo me callaba nomás. Cuando me insistían hablaba y ahí se daban cuenta de que era paraguaya.
– ¿Y cómo reaccionaban cuando se daban cuenta de que sos paraguaya?
– Me decían que por la cola muy grande pensaban que era brasilera. Pero bien, todas fueron buena onda conmigo. Por lo visto que Florianópolis es un lugar donde van muchos argentinos. Me pidieron hablar en guaraní y también me midieron la cola.
– ¿Te midieron la cola con autorización de las esposas?
– Sí, ya te digo. Ellas eran las más interesadas.
– Ya que tu cuerpo llama mucho la atención, ¿recibiste alguna invitación?
– Invitaciones de calentones lo que recibí jajaja... Surfistas, gente que pasaba por la playa y me invitaba a tal restaurante o a tal discoteca. Pero no acepté ninguna invitación, porque yo luego soy muy conservadora y no me voy a lanzar con cualquiera sin conocerle.
– ¿Te fuiste sola o acompañada?
– Sí, acompañada de la buena onda y de las enormes ganas de disfrutar de unas vacaciones diferentes. Fui a Florianópolis junto a un amigo especial.
– ¿Qué tan especial era el amigo?
– Y tan especial que quedé en su departamento que queda frente al mar.
– ¿Quién es el amigo especial?
– Hasta ahí nomás cuento porque o si no las chicas ya van a empezar a rastrearle para escribirle. Así nomás.

