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- Hoy, Blanca López es la periodista que genera las noticias más comentadas de la televisión. Hasta pone su vida en peligro en sus coberturas para el SNT. Y pensar que un día una productora prohibió que ella salga en cámaras. Pasá y leé todo lo que nos cuenta.
Arrancó en televisión en octubre del 89 con “La mañana de cada día”, por el SNT. Después de trabajar como asistente de maestra parvularia y “Chica Expo”, necesitaba otro trabajo más para poder cubrir sus gastos personales y de estudios. Fue así que golpeó puertas en el SNT, Evahny de Gallegos, en aquel tiempo jefa y conductora en “La mañana de cada día”, le probó y agarró. “Acababa de probar Derecho, pero en aquel tiempo si no tenías padrino colorado no entrabas. Entonces estudié Locución. Eso fue lo que me encaminó a llegar a lo que hago hoy”, nos comentó.
– ¿Fuiste modelo antes de periodista?
– Empecé a trabajar como chica Expo para una marca de electrodomésticos. Al año siguiente trabajé como promotora de whisky. Trabajaba también en supermercados, de la mano de la agencia Estudio Uno. En el medio ya empezaba a escribir para el diario Hoy, como redactora externa. Me pagaban 10 mil guaraníes por cada nota que lograba publicar. Pero no era fácil meter esa nota.
– ¿Al mismo tiempo trabajabas de maestra parvularia?
– Sí, como asistente de maestra jardinera ganaba 25.000 guaraníes al mes.
– ¿Qué fue lo primero que hiciste en televisión?
– Cuando entré en “La mañana de cada día” justo entró un auspiciante de computación y me dijo Evanhy: “Si te animás a estudiar computación vas a entrar en estudio”. Me animé y aparecía en mención. Después empecé a cubrir a algunas compañeras que faltaban. Así fui entrando.
Después quedé a cargo de Mario Ferreiro. Él me envió a hacer mi primera nota. Fue en la Agrupación Especializada. Me fui todo temerosa. De a poco hacía más notas y algunas ya aparecían en el noticiero. Antes los de “La mañana de cada día” cubríamos de todo, hacíamos las cosas banales. Benjamín Fernández Bogado, el gerente de prensa, era reacio a que se usen nuestros materiales. Pasaban al aire, pero eliminaban nuestras voces.
– ¿Es cierto que Noemí Gómez, cuando era peso pesado en el SNT, te dijo que vos no podías trabajar en televisión?
– Noemí Gómez vino como para levantar el programa. Ella prohibió que salga mi imagen. Me dijo que mi voz daba para radio, pero que mi imagen no daba para salir en la tele. Yo era una garrafita, morenita... ¡Y no le gustaba verme en la tele! Después la sacaron a ella del Canal. Pero hubo una cobertura donde la noticia estaba por sobre cualquier prohibición y donde salí, fue en el “marzo paraguayo”. Me tocó transmitir la noticia de la muerte de Argaña. El único teléfono que funcionaba era el mío, un Star Tac 250. Fue mi momento, empecé a salir en vivo, desde ahí ya no paré.
Ahí se empezaron a dar las cosas y ya mi presencia en noticieros pasó a hacerse importante.
– ¿Ahí ya empezaste a hacer lo que sería policiales?
– En el 94 se producen cambios en prensa del Canal. Yo cubría política, era lo máximo en aquel tiempo. Ambas cámaras del Senado cubría yo. De repente me dicen: “Vas a ir a policiales”. Yo me había aprendido todas las leyes y me parecía inadmisible que me cambien de área. Me resistí por unos cuantos días hasta que me dijeron: “Si no te gusta, te espera tu cheque”. No me quedó de otra que aceptar hacer policiales. Mi primera cobertura fue en Investigación de Delitos. Por suerte no me fue mal, porque tenía algunos contactos. Seguí algunos consejos, me empezaron a facilitar las cosas, tenía muchas primicias, eso me dio confianza y al final me gustó.
– ¿Pero es el área más difícil?
– Me dijo mi amigo Blas López, que para ser buena en esto se necesita de tres cosas. Dos voy a contar, la tercera no puedo. “No tenés que ser muy apegada a tu hogar, no tenés que dormir”. Aprendí a hacer siempre mi ronda de llamadas. El teléfono, siempre encendido y, por sobre todo, respetar a tu informante, nunca delatarle. Uno se gana la confianza y los informantes te ayudan. El comisario Pino, por ejemplo, me había dicho, cuando le secuestraron a Cecilia Cuba: “Esta es la misma banda que secuestró a María Edith”. Le pregunté cómo podría saber si eso es cierto. Me respondió: “Yo te digo porque es así”. Otra de las reglas es también confiar en tu fuente. ¿Y en quién confiar? Eso la experiencia ya te va enseñando.
– ¿Te sentiste muchas veces en situación de peligro?
– Varias veces pasé peligro. Siempre lo manejamos bien con la gente del Canal.
Hay muchas cosas que lo manejamos internamente. Si algo trascendió es porque no se pudo atajar, pero para nosotros la noticia es primero, lo que pase con nosotros lo manejamos con nuestros jefes.
– ¿Algún caso que recuerdes, de alguna balacera, por ejemplo?
– Estuve en varias balaceras. En la zona de Caaguazú, cuando se le secuestró a un niño. Estuvimos en el enfrentamiento. Estuvimos en muchos procedimientos nocturnos donde no veíamos nada y había balas cruzadas. La adrenalina es lo que te mueve.
– También te solés ir a hacer coberturas en zonas de terroristas y de secuestros. ¿No te da miedo que te secuestren, pensaste en eso?
– Dios no quiera. ¡No les des ideas! Nos cuidamos. Ahora ya es un grupo más grande el que se moviliza. Antes entrábamos solitos. Ahora nos pensamos cincuenta mil veces antes de entrar en zonas peligrosas. Hay mucha gente que les ayuda, por simpatizar con ellos o porque reciben beneficios.
– ¿Te mencionaron alguna vez?
– Carmen Villalba se ocupó de mí en pleno juicio oral. En algunas otras cosas también, en algunas notas. Yo tengo que seguir haciendo mi trabajo. Me siento orgullosa de haber roto barreras, que nunca antes ningún periodista lo había hecho.
– ¿La satisfacción de conseguir las primicias o noticias está por encima de la tranquilidad tuya y tu familia?
– Creo que se acostumbraron ya. Ahora ya saben que me voy a ir a la cobertura, que no me voy a quedar. Si dejo esto y veo que otro hace, voy a decir “yo hubiera hecho mejor”. Da gusto ser parte de la historia y debo admitir que hay un poco de vanidad también en esto.
– ¿Te ves enseñando cómo se hace lo que hacés?
– Quizás mi meta sea enseñar más adelante.

