Su casa es una piecita de madera con goteras de aquí para allá. Duerme en el suelo húmedo, desnudo. Una fina frazada es su compañera de todos los días. Y para colmo de males, no puede salir de su “cueva” porque ¡vive encadenado!
Esta es la triste historia de Osvaldo Maldonado (26), un joven con trastornos mentales al que su familia le tiene encadenado en el interior de una pieza desde hace dos años porque, según dijeron, si no lo hacen, el joven se escapa y también porque sus vecinos le tienen mucho miedo ndaje.
“Desde hace dos años que le tenemos así por seguridad, porque él se va, se escapa y tengo miedo de que pueda hacer algo malo o que ya no vuelva. Las personas que no lo conocen le tienen mucho miedo, pero él es bueno, solo que tiene un problema de varios años”, contó con un dolor inmenso su mamá Gregoria Maldonado (47), desde el interior de su humilde vivienda ubicada en el barrio Dos de Oro (Conavi), en Capiibary.
“Él no quiere colchón, quiere acostarse en el suelo nomás, rompe toda su ropa. Yo le construí esta humilde pieza, pero no puedo ofrecerle algo mejor porque soy pobre”, agregó.
“Tiene este problema desde los 17 años. Nosotros vivíamos en San Juan, Misiones, pero hace tres años llegamos a Capiibary a través de los Franciscanos que nos brindaron ayuda. Él (por Osvaldo) incluso se internó varios días en el neuropsiquiátrico de Asunción, pero no hubo solución. Pasó por psicólogos, curanderos, de todo ya. Me duele mucho verlo así, necesitamos ayuda”, dijo desconsolada la madre.
Solidaridad
Osvaldo es el tercero de ocho hermanos. Doña Gregoria hace de madre y padre, a la vez. Pide a las autoridades que por favor le ayuden a construir una pieza con rejilla de hierro para no encadenarle más a su hijo. “Yo no puedo construir porque no tengo plata, solo eso les pido”, finalizó.

