Nos contaron que el pelotero recibió la invitación de una persona que siempre trabaja por llevar sorpresas y regalos a esos niños. “Cuando le invitaron, él no dudó en aceptar”, nos dijeron.
Da Silva no solo puso su carita y cuerpito para alegría de los peques. También llevó regalos y compartió su tiempo con ellos, hablando con ellos y, por sobre todo, tratando de ponerles de buen ánimo.

