“Guardo el rosario que me dio el Papa”

Casi un año atrás, doña Asunción Giménez (79) se encontraba dentro de su humilde vivienda, en el Bañado Norte, tratando de dormir. Esa noche, las estrellas no parecían lejanas. El calor no molestaba. Los mosquitos no hacían de las suyas y todos los “achaques” propios de la edad milagrosamente habían desaparecido por un momento. Los minutos interminables se entrelazaban con unas sábanas retorcidas de tantas vueltas en la cama, testimonio “cantado” de que el sueño no quería venir porque su sueño se estaba por cumplir.

| Por Manuel Medina

“Me acuerdo bien que esa noche no pude dormir”, rememora doña Asunción con esa sonrisa que deja marcada en la piel la huella imborrable de la gran emoción que le tocó vivir. Y no era para menos. A su casa se fue ni más ni menos que el ¡Papa Francisco! “Le esperé muchísimo porque ya sabía que iba a venir a mi casa. Aunque no creía mucho cuando me dijeron, igual me preparé”, cuenta en un tono pícaro.

El sol en el firmamento, un fuerte murmullo y el ladrido de los perros ayudaron a que su corazón palpite más fuerte que nunca. Sabía que él estaba ahí, que su sueño se iba a cumplir, que iba a recibir en su casa ni más ni menos que al Sumo Pontífice, al máximo representante de Dios en la tierra.

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“No comió mi sopa, pero tomó mi mate, me bendijo a mí, a mi familia y me regaló un rosario... Guardo el rosario que me dio el Papa como si fuera parte de mí. Desde esa vez ya no me quito”, relataba emocionada la abuelita.

El tiempo pasó, los recuerdos quedan. Y doña Asunción sabe que capaz nunca más tenga la posibilidad de volver a abrazar y hablar a un Papa. Pero las ganas y la ilusión de volver a verlo a Francisco en Paraguay no se las quita nadie. Es más, si es por ella, volvería a cambiar todo por esas sábanas retorcidas en la que sus sueños se hicieron realidad.

“Yo me quedé en blanco”, recuerda

Ña Francisca Ramírez, una de las abuelas que también recibió al Papa en su humilde casa cuando decidió hacer un pequeño recorrido por el Bañado Norte, contó que ese día lo vivió de una manera especial, mucho más allá de lo que un rosario de palabras pueda describir.

“Vino acá al frente, le dije ‘bendición padre’. Él me habló y yo me quedé en blanco, no sabía qué hacer. Recién volví a sentir algo cuando me puso un rosario en la mano”, expresó emocionada ña Francisca.

Resaltó, además, que esperaba con ansias la llega del Sumo Pontífice, ya que sabe es un hombre de corazón noble y lleno de paz que se animó a llegar al fondo de Asunción para compartir con los más humildes.

“Gracias a él tuvimos paz acá y ya no hay mucha delincuencia”, he’i la ña Francisca.

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