Nunca un traje de baño sembró semejante discordia, desde que el biquini se impuso en la moda a mediados del siglo XX. El atuendo que cubre el cuerpo, sin tapar la cara, es tendencia en el verano francés, no tanto en la playas –donde todavía no es muy difundido– sino en el debate público. Frente a un fenómeno del que hace unos meses se sabía muy poco, se multiplicaron las medidas de dirigentes políticos locales, a un paso de la difusa línea entre la protección de los valores laicos de la República y el golpe a la libertad de culto.
En la Costa Azul, el alcalde de Villeneuve-Loubet, Lionnel Luca, prohibió el burkini por decreto el pasado 5 de agosto, y argumentó “un contexto particular” tras el ataque de Niza en el Día de la Bastilla.

