Según el artículo del profesor de Neurociencia David Rossi, de la Universidad Estatal de Washington, lo que se consiguió que unos pararan después de tomar un análogo de dos copas, porque “conocen sus límites”. Es que al tomar esta dosis ya no podían guardar el equilibrio sobre un cilindro rotatorio.
Su sensación de comodidad tenía que ver con el funcionamiento de las células granulosas del cerebelo, dedujo Rossi. El propio alcohol suprimía en ellos la sensibilidad de unos receptores especiales, conocidos como GABA-A. Al restablecer la sensibilidad, se podría cambiar el comportamiento: esta fue la hipótesis de la segunda parte de la investigación.
SOMNÍFERO
La sustancia se trata de un alcaloide presente en varias setas venenosas, conocido también como “Gaboxadol”, que había sido probado como somnífero.

