Se utilizan los mismos puntos de la acupuntura para poner sobre ellos una abeja y que inyecte el veneno con su aguijón en la zona donde se siente el dolor. Este peculiar tratamiento, que consiste básicamente en dejarse picar por una abeja para curarse de cualquier tipo de dolencia, lo realiza un médico naturista de origen oriental que tiene su centro de atención en la ciudad de Piquete Cue, de Limpio.
Al lugar diariamente llegan cientos de personas desde diferentes puntos del país, que primeramente reciben una oración mbarete por parte del “médico káva”, como se lo conoce, para luego ser picadas por las abejas que luego de depositar su aguijón son sacrificadas.

Los enfermos que acuden al lugar confían muchísimo en el tratamiento, así lo expresó don Román Duarte, de 57 años, quien sufre de presión alta y artrosis y que desde que vino por primera vez, hace casi un año, mejoró de su dolencia. “Ahora ya no siento esos hormigueos que sentía antes y la presión alta me controla muy bien, vengo dos veces por semana y me ponen la abeja para mi dolor de cabeza, uno en la sien y otro en la nuca” dijo el paciente.
La consulta es “a voluntad”
Abrahan Jang se llama el “médico káva”. Mencionó que hace este servicio por la gracia de Dios y es por ello que no cobra. “La gente que consulta da de acuerdo a su voluntad, yo no pido nada, ahora ya estoy un poco viejo y por eso ya limito la cantidad de gente que atiendo al día. Solo 60 a la mañana y 60 de tarde”, expreso
CONSULTAS
Los que asistieron los martes deben volver jueves y los que vinieron miércoles, los viernes.
CONSTANCIA
Para que el tratamiento resulte, los pacientes deben hacerse picar por las abejas 2 veces por semana.
Lo dijeron
- “Vengo de Argentina para hacerme el tratamiento y en tres sesiones ya me siento mejor.” Juan Samaniego, 82 años.
- “Tenía mucho dolor en la rodilla, me estaba por operar, pero vine acá y mejoré.” Emigdia Báez, 67 años.
- “Vengo por dolores de estómago y con el tratamiento con abejas me siento muy bien.” Herminia Riveros, 64 años.
- “Tenía mucho dolor de espalda, desde la primera sesión me pasó el dolor.” Hermenegilda, 57 años.

