- CANSANCIO. Vecinos del barrio Arecayá describen la complicada vida entre el polvo, el ruido de los camiones de gran porte, y el poco aire que les sobra
MARIANO R. ALONSO. Si bien se dice que las obras son signos de progreso, también generan un cambio rotundo en el estilo de vida de los vecinos, que no siempre son exactamente para bien. En este caso no se puede decir que son “beneficiados”, sino al contrario, son los perjudicados.
Varios locales comerciales fueron cerrados porque la mayoría de los clientes ya no podían ingresar hasta los locales. Don Luis Molinas (61) vive hace 50 años en el barrio. Tiene un salón comercial que alquila, y su último inquilino tuvo que cerrar su local y mudarse del sitio por la falta de ventas.

“A mí me perjudicó bastante porque la persona que me alquilaba se tuvo que ir a otra zona. Además, todo el día tenemos que llamar a los encargados de la obra para que envíen a regar la calle por el impresionante polvo que generan los vehículos que pasan por esta zona” aseguró.
Dora Duarte de Onieva vive hace 36 años en el sitio y fue una de las más afectadas por estas obras. “Los días de lluvia me inundaba, toda el agua entraba en mi casa, tengo un negocio de comidas y tuve muchas pérdidas económicas” comentó.

