Vida del lanchero, llevada por el río

Allá por los años 70 cuando, don Eduardo Solalinde (64) dejaba el servicio en el cuartel militar, donde se había formado tras dejar su valle, Santaní. Al verse en la necesidad de un trabajo para poder salir adelante, contó que lo primero que se le vino a la cabeza fue ser lanchero, y así vivir de algo que en verdad le gustaba.

| Por Manuel Medina

Desde aquel día han pasado 20 años. “Era joven y tenía que trabajar y como tenía mi cuñado que trabaja en esto, le pedí que me contrate, me enseñó y enseguida aprendí. No es difícil si en verdad te gusta”, contó don Eduardo.

El karai recuerda su primer viaje como si fuera ayer, por el temor y la inquietud que se apoderaban de él. “En la lancha ‘San Miguel’ hice el primer viaje de Chaco’i a Puerto Elsa, y después de eso ya fue todo normal. Después dejé un tiempo de ser lanchero, trabajé en estancias en el Chaco, en cerámica, de todo hice para salir adelante, pero no podía dejar de lado esta pasión”, dijo y agregó orgulloso que de su “humilde y honesto trabajo hice estudiar a mi único hijo la docencia”.

NO ES FÁCIL

Don Eduardo señaló también que siendo lanchero se pasan muchas cosas, ya que ellos dependen del clima y si llueve o hay mucho viento, o no hay pasajeros o tiene que hacer los viajes con mucho cuidado. “Hasta ahora no me pasó nada malo, por suerte, pero se pasan muchas cosas en el río”, terminó diciendo Solalinde.

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