VILLETA. Valentía, fe y, por sobre todo, una familia cargada de amor que en ninguno de los momentos difíciles lo abandonó. Estos son los mejores “dones” que le regaló la vida al comisario Gustavo Rivas, jefe de la Comisaría 51.ª de Ypeka’ê Santa María, distante a unos 61 kilómetros de la capital, y quien hoy emerge, dentro de un ambiente “turbio” que “ensució” este uniforme, como la contracara, dejando en claro que no todos son iguales y que hay ejemplos de buen trabajo.
De su natal Ybycuí, departamento de Paraguarí, partió con un sueño: servir a su patria y a la ciudadanía. Se enlistó en la Academia de Policía, de ahí en más su vocación se convirtió en una forma de vida. Sin embargo, el impredecible camino de la vida, lo llevaría a resistir una dura batalla hace 17 años, cuando en medio de un enfrentamiento con delincuentes recibió un disparo en la columna.
En aquel tiempo, Rivas se desempeñaba como oficial segundo, y a partir de ese momento su vida tendría un cambio gigantesco. “Cambió mucho mi vida, la forma de vida. Pero siempre tuve voluntad, nunca me entregué, y hasta ahora sigo trabajando como se puede sirviendo a la institución”, dijo el uniformado, quien desde una silla de ruedas continúa luchando día a día cumpliendo su labor e inculcando a sus oficiales el valor de servir, el amor a la profesión, cuidarse y trabajar honestamente. “A mis uniformados les agradezco siempre por su apoyo y el respeto que tienen porque vale mucho” dijo.
A dos años
“Es un poco difícil, pero por algo elegimos la profesión y yo la elegí por convicción y voy a seguir trabajando hasta donde se pueda” dijo el comisario, añadiendo que en dos años más y algunos cursos por realizar se convertirá en comisario principal. “Cuando me llaman para hacer cursos siempre me voy, o sea que no me quedo en ese sentido. Siempre cumplo con las directivas de los superiores” expresó agradeciendo además a sus superiores o al comando institucional por darle la oportunidad para continuar trabajando.
Eran novios
Rivas comentó que hace 16 años se unió en nupcias con la mujer de su vida, producto de ese amor, fueron tres pequeños, quienes actualmente tienen 12, 15 y 16 años. “Antes de mi accidente le conocí a mi señora, y pese a ello, tuvo y tiene la valentía y fortaleza de sobrellevar todo a mi lado. Estando ya en silla de ruedas, nos casamos” señaló.
Agregó que su hija mayor de 16 años, quien se encuentra a un año de terminar el colegio ya le adelantó sus deseos de seguir sus pasos. “Ella lleva muy en cuenta la labor y el esfuerzo. No sé si me gustaría que sea policía, pero si elige y le gusta, no le podemos truncar los sueños” sentenció.

