Quienes tuvieron la oportunidad de conocer y viajar en esos vehículos contaron a Crónica sus experiencias. Una de ellas, doña Pastora Arce (62), de Caraguatay (Cordillera), recordó que cuando ella tenía unos siete años aproximadamente, allá por el año 1961, viajaba en uno de estos micros al lado de su padre, el finado Justo Pastor Arce, ya que él era chofer en esa época.
“Era lo máximo viajar en esos colectivos. Yo recuerdo que en la bajada del cerro nos íbamos a toda velocidad porque se seguían con el colectivo de Caacupé y yo me alegraba demasiado, porque estaba ahí al lado de mi papá”, recordó. “Era totalmente diferente y tenían guardas sí o sí. Recuerdo también que el colectivo tenía una escalerita hacia atrás y encima el portabultos, por esa escalerita él se subía a alzar los equipajes de los pasajeros”, siguió.

Por su parte, doña Teresa Peralta de Sosa (64) contó que sus padres fueron los primeros propietarios de la empresa Caraguatay. “Las ventanillas se levantaban con las manos. El chofer no arrancaba como ahora con una llave, sino era con manivela, que es una palanca que hay que girar hasta que arranque”, relató.
Hechos a mano
Los carteles que portaban el nombre de la empresa y el destino eran de madera y estaban hechos a mano.
Con el tiempo
Con el correr del tiempo, los propietarios vendieron sus micros antiguos y se fueron modernizando.

