- MUCHO “AGUA-NTE”. Correr el riesgo de perder la vida, la familia o algún ser querido, surcan las ríos por los cuales navegan estas personas
La vida de un capitán de barco para muchos es realmente un misterio. En este trabajo, las horas se convierten en semanas, incluso meses, pasando lejos de su familia, motivo por el cual en el contrato por sus servicios figuran cifras bastante altas para lo que es el salario que gana la mayoría. Algunos, incluso más de 60 millones de guaraníes ¡al mes! Además, está de por medio el peligro al que constantemente se exponen.
Vivir a bordo significa dejar a la familia. Perder todo contacto con los seres queridos y embarcarse en una aventura que nunca se sabe qué final puede tener.
Don Silvio Ramón Barrientos (71) es uno de los que navegaron en esta realidad. Fue tripulante por 42 años y durante 15 años fue capitán de barco. Se jubiló ya hace 11 años. Pese a todo, siempre amo la profesión.
“En este trabajo uno acumula muchas anécdotas. En mi caso, por ejemplo, te puedo decir que una vez se fue a pique mi barco. Nos chocó otro buque que venía a gran velocidad. Era una noche de mucha neblina en que las luces no se veían y nos chocaron en una curva. Logré llevar el buque a la costa, pero se hundió parte de la barcaza”, recordó.

Ser pareja de un capitán no es para cualquiera, hay que tener aguante, pero la esposa de don Barrientos lo acompañó en todo momento. “Me aguantó mi señora porque hay muchas que no aguantan, no se hallan solas. Cuando nos casamos recién, sí me decía que me baje del barco, que busque otro trabajo y le dije que el único trabajo mío era ese y me comprendió”, contó don Barrientos con la voz quebrada y los ojos aguados.
Finalmente, relató orgulloso que tiene tres hijos, uno de ellos siguió sus pasos y hoy día es capitán; mientras el otro estaba en el ejército haciendo servicio de inteligencia en zonas del EPP, por lo que lo “rescató” y lo lanzó también a navegar. Su única hija es química analítica.
Varios matrimonios naufragan por infidelidades de esposas

Bernabé García Alvarenga es presidente de la Asociación de Capitanes y aún sigue en el rubro. Contó que hay varios casos de divorcios por infidelidades o por mujeres que no aguantan ser abandonadas tanto tiempo por sus maridos navegantes y se mandan mudar.
“Eso ocurre mucho porque las mujeres de por ahora tienen todas las posibilidades que antes no tenían. Hay bastantes casos de los compañeros”, contó.
“En mi caso mi señora es la que me acompañó todo este momento y siempre fue muy comprensiva”, siguió.
“Navegante no tiene Año Nuevo ni Navidad”

Idelfonso Benítez, secretario y jefe de turno de la Sociedad de Capitanes de Cabotaje y Prácticos de la Zona Norte, se dedicó a ser capitán hasta hace tres años atrás, pero tuvo que dejar por un tratamiento de salud.
“El navegante no tiene Año Nuevo ni Navidad... es duro” comienza relatando. Estar lejos de los lazos familiares cala hondo cuando se está sobre el agua “y no sabés qué día es”.
Justamente, le tocó vivir una experiencia bastante fuerte hace 17 años ya. Su señora y uno de sus hijos fallecieron luego de dejarlo a él en su lugar de trabajo.
“Tres hijos tengo, pero uno murió con mi esposa. Yo iba a hacer el viaje ese día, me dejaron en mi trabajo y después de un rato me avisaron que tuvieron el accidente. Fue a la vuelta de mi casa. Realmente fue duro, tuve que hacer el rol de papá y mamá y me costó mucho porque tenía que trabajar también”, siguió entre lágrimas.
Hay veces que quedan por meses
Arriba de un barco, se puede ir la vida. Literalmente. Don Idelfonso recordó que en alguna oportunidad le tocó convivir con la muerte a bordo, ya que hay gente que vaya a saber por qué aparece ahogada.
“Una vez buscamos por todos lados a un marinerito. Y yo le saqué, con una cañita que tenía. Estaba todo vestido con su uniforme, su zapatón, todo”, recordó.
Incluso destacó que cuando hay bajante y no pueden pasar en alguna zona, les toca esperar que el río suba los meses que fuera necesario.

