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QUEMIL YAMBAY: Después de rebotar en Cerro decidió dedicarse a la música

  • CONFESIONES. Don Quemil nos cuenta sus mejores anécdotas, de su paso por Cerro Porteño, sus partidí con Luis Alberto del Paraná, de su encuentro con Juan Pablo II y mucho más

quemil-yambay-0025Antes de dedicarse a la música, Quemil Yambay se destacaba en el fútbol y soñaba con llegar a chutar en un equipo de Primera. “En la cancha, zurdo nato. De puntero izquierdo jugaba yo allá en mi pueblo -Santa Elena-, una vez me trajo un señor para acá, para probar en Cerro Porteño. Me vio y creyó que me podía colocar. Jugaba muy bien, en mi pueblo nadie me alcanzaba, era muy veloz”, comentó.

– ¿Y cómo te fue en Cerro?

– En Cerro entendí que mi futuro estaba en la música jajaja… En la práctica pinté bien, por mi velocidad. Yo tenía en ese momento 17 años. Pero no pasé la inspección -médica-. Yo ya tenía problemas de la visión desde pequeño. No podía mirar hacia arriba, ya que me molestaba demasiado, pero igual jugaba bien. Yo sentía que no me molestaba para jugar. Pero había sido que tenía la vista corta, tenía miopía. Me acuerdo bien cuando me llevaron junto al doctor Honorio Campuzano, me inspeccionó todo, me miró bien y me dijo: “lastimosamente mi hijo no vas a poder jugar al fútbol”. Ahí tomé la decisión de volcarme de lleno a la música. No tenía otra cosa que hacer.

– ¿Pero vos ya eras hincha de Guaraní?

– Sí, siempre che Guaraní hatã.

SU PRIMERA GIRA

– ¿Enseguida ya armaste para tu grupo?

– En 1959 tuve mi primera gira. Tenía un amigo, Eulalio Iglesias, autor del famoso tema “Vapor Cué”. Sus dos hijos pequeños, Francisco Iglesias y Marcos, se sumaron al proyecto. “Jahamína don Eulalio Alto Paranáre”, le dije. “Jaha”, me contestó él. Esa iba a ser nuestra primera gira. Uno tenía que irse hasta Coronel Oviedo y de ahí en tres días llegabas hasta la ciudad Puerto Pdte. Stroessner, como se llamaba en ese entonces Ciudad del Este. Nos fuimos en un mixto’i, que por el camino se cayó en una cuneta. Nos bajamos y el colectivo nos alcanzó otra vez. En tres días llegamos. Se construía el Puente de la Amistad. Al mediodía solíamos salir a tocar para los obreros que venían a comer, y ya nos daban las propinas, ha igústoma voi oréve. Así estuvimos un tiempo.

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– Eran otros tiempos, todo monte por allá, seguramente…

– Sí. Justamente me llegó una noticia, que la hermana de mi mamá estaba en Itakyry, a más de ochenta kilómetros de Hernandarias. Nos fuimos. Había una carretera, un ka’aguy inmenso, sin fin, algunas veces salías en algún descampado, pero después ya era todo monte otra vez. Nos fuimos caminando entre los cuatro, cuando nos salía algún yaguareté en el camino “rombopu chupe arpa ha okañy mitã yaguareté”. Así fuimos todo el camino y llegamos en un día y una noche al lugar, a la casa de mi tía. Al llegar a la casa, nos pusimos en el portón y le bajamos una serenata. Salió mi prima, era igualita a mi hermana en la cara. Me reí y me preguntó por qué me estaba riendo y me dijo: “nde la che primo hína”. Había sido que yo era idéntico a un hermano de ella jajaja… Y ahí se armó una farra de aquellos en la casa de mi tía. Justo en ese momento había una carrera de caballos. Nos fuimos hasta el lugar, ahí los obrajeros, los estancieros, tenían por la cintura unas guayakas (una especie de riñonera de cuero), lleno de dinero. Se fue uno de ellos en el escenario, un estanciero del lugar y vació el dinero que tenía en su guayaka en el escenario y nos regaló. Ore rico.

PRIMERAS IMITACIONES

– ¿Cómo descubriste ese talento único que tenés de imitar a tantos animales?

– Yo desde chico luego ya imitaba a los animales, me gustaba luego hacer eso, imitaba a los perros, gatos, al chancho, cuanto animal se ponía en mi camino yo ya le imitaba. Cuando yo tenía 8 años, don José Melgarejo me alzó al escenario y dijo al publico: “Acuérdense de mí, este mitã’i va a recorrer el mundo actuando en los mejores escenarios”. Les imité a los perros, a todos los animales de la granja y de la selva que conocía en este entonces y el público me aplaudió a rabiar. Mis compañeritos lagrimearon todos. Hay veces que yo me quedo pensando en toda esa vivencia y me parece que fue ayer nomás.

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– Y acertó don Melgarejo, porque recorriste tantos escenarios…

– Los mejores escenarios de todo el país recorrimos. También de Argentina, España… En Argentina tocamos en Huracán, San Lorenzo de Almagro, Atlanta, el Luna Park, Vélez Sarsfield y muchos más. Hacíamos tres a cuatro presentaciones por noche, en esta última gira que hicimos, recorrimos por varias ciudades españolas, actuando para la comunidad de compatriotas que viven allí. Esta fue mi última gira por el extranjero, pero voy a seguir todavía actuando hasta diciembre, tenemos todavía contratos firmados hasta ese mes. Después ya me voy a quedar a descansar.

– ¿Cuál fue tu primera composición?

– La primera canción que compuse se llamaba “Rohayhu muñequita”. A novillea peteî mitãkuñáre y a ella también le gustaba mi cutis y le dediqué un verso.

“LOS ALFONSINOS”

El conjunto fue creado a principios de los años sesenta. Francisco Iglesias es de Alfonso Central, Gregorio Martínez y Cirilo Ortega de Alfonso Loma y yo era de Alfonso Tranquera. Pablo Barrios es de Santa Elena. Fuimos contratados para un cumpleaños y veníamos a pie desde Mbocayaty del Yhaguy. Justo nos quedamos encima de un puente sobre el río Yhaguy y me pregunta Barrios cómo le vamos a llamar al conjunto. Yo le dije para ponerle “Los Alfonsinos”, pero como veníamos a pie, Pablo Barrios le quiso poner “Los Caminantes”. Entonces decidimos tirar una caja de fósforo al aire. Cara o fuego. Cayó del lado de “cara” que elegí yo y se quedó en “Los Alfonsinos”. La cantidad de disco que grabamos con el grupo ya ni me acuerdo, no llevo luego en cuenta eso, comentó don Quemil.

CON JUAN PABLO II

“Para mí que lo más grande que me pasó en la vida y lo que más me impresionó en todos estos años fue haberle conocido al papa Juan Pablo II, cuando vino en el 88 a nuestro país”, comentó don Quemil. Recuerda cuando monseñor Aquino le presentó al Papa como el imitador de animales y Juan Pablo II le pidió que le muestre su arte. “Y ahí nomás ya le imité a los perros, gatos, chanchos, patos, gallos, ere eréa. Se mató de la risa y me dijo ‘ya basta, ya basta’ y vino a abrazarme bien fuerte. Casi nadie podía tener la gracia de conocerlo personalmente. Ese fue un encuentro de alegría, quién iba a decir que Juan Pablo II me iba a abrazar”, recordó como una de sus mejores anécdotas. Después, por intermedio de monseñor Aquino, le envió un cuadro.

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CON PARANÁ

“Una vez vino llegando Luis Alberto del Paraná de visita a casa, llegaba de Europa de una de sus tantas giras. Y derecho vino a casa, ni bien llegó me preguntó si había alguna cancha por acá cerca. Nos equipamos todo para pelotear y nos fuimos. Era una gran novedad la presencia de Luis Alberto del Paraná en el barrio. Él, cada vez que llegaba de algún viaje, directo ya venía para mi casa, che socioite”.

LE APARECIÓ UNA “HIJA”

Una vez apareció una señora con una criatura en sus brazos y le dijo “acá te traigo a tu hija para que le conozcas”. “Añetéiko ere y de hacia donde, mba’éicha rupi, mo’ogua”, le pregunté. Y salió mi hija mayor Hilda y le miró a la criatura y me dijo “mba… no’ete tu hija papá, no te parece nada. Había sido la nena con su abuela lo que vino hasta casa ra’e y le dijo su hija que Yambay era el papá pero otro Yambay era, mi pariente”, contó entre risas.

SU PRIMERA ESPOSA

“Y qué le vamos a hacer, así es la vida, oumi hasy pe kuñakarai”, dice al recordar lo que le pasó a Lidia Mariana, su primera esposa, a quien le compuso una canción. “Acá donde estamos sentados ahora, después de 18 días de haber tenido su criatura, le agarró a su bebé y salió corriendo por la calle pidiendo socorro, eso fue cuando le agarró la enfermedad”, recordó con tristeza.

“Perdió la memoria, y mucho anduve por ella, tres años en los mejores sanatorios le llevé junto a los mejores doctores, se quedó internada pero no hubo caso. Yo creo que era hereditaria la enfermedad de Lidia Mariana. Una vez me dijo un doctor ‘preguntána un poco mi hijo si en su familia no hay otro caso, porque ya no hay más caso con ella, si es así el tema’”, nos comentó.

PERFIL

Nació el 10 de marzo de 1938 en Tupaorã, hoy Santa Elena -Cordillera-. Tiene 10 hermanos, él es el cuarto. Su papá, Jalil Yambay, fue un sirio-libanés, pero su mamá, doña Marina de la Paz Rodríguez, era paraguayita teete.

PRIMERA GUITARRA

“A mí me gustaba demasiado la música desde chico, yo ya cantaba luego desde mitã’i. Cuando tenía 3 o 4 años me hicieron una guitarrita, de tablita nomás, con unos hilos que eran gua’u las cuerdas. Mi hermano mayor nomás me armó”, recuerda don Quemil. Dijo que dormía en el medio de su papá y mamá, y que ahí guitarreaba. “A papá no le gustaba”, dijo entre risas.

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