- FE. Luego de mucho intentar llegó el pequeño Brunito. Pero el embarazo se complicó unos meses después. Más su fe mantuvo sano y salvo a su bebé
Hace unos años, Nery Ibarra (27) y María Medina (29) se conocieron por esos “encuentros” de la vida y desde entonces no se separaron. Compartieron mucho tiempo juntos y luego se casaron con la ilusión de formar una familia. Pero a veces las cosas no pasan como uno desea. A su vida le faltaba una sola cosa, talvez, la más importante: tener hijos.
Buscaron, intentaron, se esforzaron... Todo en vano. No podían tener hijos. Luego de varios intentos y tras ir a consultar con el médico, recibieron la confirmación de que todo se complicaba.
Fue allí cuando se encomendaron a la Virgen María para que, como ella, su “tocaya” pueda ser también mamá. Un poco después volvieron al médico y escucharon aquella noticia que tanto querían escuchar: “van a ser padres”.
La alegría fue inmensa, pero les duró poco. Unos meses después, el embarazo se complicó debido a que María tenía poco líquido en la placenta, lo que resulta indispensable para el desarrollo del bebé.
El riesgo era tremendo: podían perder a su retoñito. Pero lejos de desanimarse y resignarse con esa noticia, la pareja decidió mantener la fe y nuevamente pedir a la Virgencita Azul de Caacupé que el pequeñito nazca sano y salvo.
La súplica fue escuchada por la santa patrona: Brunito nació y ahora tiene un mes y medio de vida.
“Había riesgo, pero por suerte salió todito bien. Por la bendición de la Virgencita Azul de Caacupé que nos escuchó. Ahora vinimos a cumplirle” contó Nery. “Somos de Ciudad del Este, vinimos en colectivo porque nuestro bebé es muy chiquitito todavía para peregrinar con él. La promesa sigue, cuando él empiece a caminar tenemos que venir otra vez”, siguió.
Por su parte, María se mostró muy emocionada y agradecida con la Virgencita. “Ella es nuestra mamá y es muy milagrosa”, dijo a nuestro medio.

