“Acá en la cárcel todo se paga, hasta la vida”

Drogas. Alcohol. Un colchón o la posibilidad de pasar en “familia”. Todo tiene precio. Lo que sea. Incluso, el poder quedar en libertad. “No hay justicia para los pobres. Los abogados solo te atienden si les pagás. Si no, te tiran nomás ahí” dijo uno de los internos de la cárcel de San Pedro, quien celular en mano se comunicó con esta Redacción.

| Por Manuel Medina
Pese a que la penitenciaría tiene capacidad para solo 228 internos, la cantidad se sobrepasó.

En este caso, la “intimidad” queda al descubierto en la penitenciaría regional de San Pedro, donde el censo penitenciario anterior dio como resultado que casi 515 reclusos residen en el lugar, cuando la capacidad es para albergar a 228 personas. La situación de hacinamiento en el sitio se puede ver con internos durmiendo en colchones hasta en los pasillos, donde solo el 40% de los reclusos está con condena.

Ellos son los que viven el día a día presos en un “mercado”, donde las comodidades tienen un alto costo. “Acá en la cárcel todo se paga, hasta la vida”, es la confesión que deja la piel de gallina.

El “sistema” es simple: los “capataces” de cada pabellón son los encargados de “recaudar”. Los guardiacárceles simplemente se limitan a evitar que escapen. El resto queda adentro.

La cárcel tiene su historia de pasillo, sus líderes, su mundo totalmente aparte. Personas que llevan años enteros esperando una condena, o aquellas que están adentro por distintos delitos o crímenes. Y todo, todos tienen precio.

Entre “comida incomible” y

capataces con “autoridad”

“La comida del tacho es incomible. Si no te queda de otra, tenés que comer eso. Los que se hacen de plata van a la cantina que hay acá adentro” revela uno de los presos, haciendo referencia a un compañero que vende algo más decente.

“El capataz acá manda más que el propio guardiacárcel, porque ellos son los que deciden si entregan o no las cosas que son para un preso. Atajan todo. Se queda con ropa que es de nosotros si es que les gusta y no se puede decir nada. Ellos son los que recaudan”, confiesa.

“Los cigarrillos se venden a 2 mil. Te cobran hasta para usar papel higiénico. Acá no hay nada gratis” he’i.

“Tenés que pagar 50 mil guaraníes mensuales para poder usar los colchones. Si no ponés esa plata somos llevados a otro pabellón en donde dormimos en el piso frío y húmedo de la cárcel” asegura un interno preso por un caso relacionado a las drogas.

Drogas, alcohol y otras cosas

Dentro del rubro “ventas”, hay todo tío. Los “moñitos” de crack se venden a 5 mil guaraníes los más chicos; mientras el gramo de cocaína está a 20 mil. Las petacas, que en cualquier lado no pasan de los 3.500 guaraníes, ahí cuestan 35 mil; en tanto que una caja de vino se llega a vender incluso a ¡100 mil guaracas!

Las pastillas de disomnilan están a 10 mil guaracas.

Director negó que haya “mercado”

Eduardo Caballero, el actual director de la cárcel, dijo a Crónica que si bien existen algunos reclusos designados como capataces de cada pabellón es solo para hacer un trabajo de control y organización interna en donde estas personas se encargan de distribuir las pequeñas donaciones que suelen llegar a las cárceles.

Dijo que en ningún momento se da dentro de esta penitenciaría ese “mercado” del que hablan los reos y aseguró que todos, como internos, son medidos con la misma vara y tratados de la misma forma.

Aseguró que es un invento el que se cobre 100 mil guaraníes al mes para poder tener acceso a una celda con cama, como aseguró un interno, quien incluso fue más allá y dijo que se cobra hasta ¡500 mil guaraníes por celdas vip! Tienen aire, televisión, ere eréa, supuestamente.

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