- BAJO CERO. En la helada Siberia, dos paraguayos viven una increíble experiencia, sin dejar de lado su raíz

¿Cuál es la posibilidad de encontrar dos paraguayos tomando tereré en Siberia? Parece sacado de un chiste, pero es real. Y Crónica charló con ellos vía internet. Se trata de William Díaz Bertolini (38) y Camilo Román (26), dos compatriotas que desde hace unos años viven en la helada Siberia, en Rusia, pero sin dejar que sus raíces paraguayas se congelen.
“Entre junio y julio la temperatura puede subir a 25 grados, pero en invierno es otro pitopú. A partir de agosto baja y de noviembre a enero puede llegar a -50 grados, incluso con sensación térmica de 55 bajo cero”, cuenta William, quien lleva 3 años y medio ahí, mientras que Camilo está desde el 2012 y ya se casó con un rusa. Ambos son profesores de inglés y español en la ciudad de Surgut.
“Cuando me tocó decidir venir fue una decisión difícil, pero tampoco le di muchas vueltas. Quería un cambio y Siberia sonaba a uno bien drástico”, dice William. Por su parte, Camilo cuenta: “Los primeros días me perdía todo al pedo porque los edificios me parecían todos iguales. La gente parece argel porque te clavan la mirada y no te sonríen, pero cuando se enteran que sos latino te hacen re-fiesta y te invitan a su casa y eso”.
A pesar de las diferencias culturales y la distancia, ambos buscan mantener sus raíces. “Siempre tomamos tereré y hacemos algunas comidas típicas. El hielo no es problema. Pongo agua en un vasito y coloco en mi ventana y en unos cuantos minutos el hielo ya está listo”, cuenta William. Pero ¿cuál es la fórmula para aguantar un frío así? Según Camilo: “La receta es tragártela, abrigarte bien y seguir con tu vida, como en Paraguay también la gente vive !con los 40 de calor!”

Cocido y empanada para combatir el frío
Tereré, cocido y hasta la popular empanada son parte del menú, a pesar de la distancia. William cuenta que se puede conseguir yerba en Moscú, pero ellos, como vienen cada tanto al Paraguay, llevan en buena cantidad y racionan. “Es difícil el tema de la comida, especialmente nosotros que somos del asado del fin de semana. La ensalada rusa no es problema (jajaja) pero la carne es muy distinta en sabor y precio”, dice William, que además hace chipa con almidón de papa, que es el que se consigue. “También cocino sopa paraguaya y chipa guasu”. El guaraní también está presente. “Hablamos guaraní todos los días, por ejemplo decimos, ‘mira ese tavycho’, he’i por el que pasa al lado”, he’i Camilo.
No hay tercer tiempo he’i
Ambos cuentan que no tenían mucha idea del lugar donde iban, Surgut, más allá de la información que podían encontrar por ahí, y aunque la adaptación costo un poco, el lugar ofrece de todo. “Es una ciudad no muy grande pero que tiene todo lo que uno necesita. Hipershopping, cines, cafés, restaurantes, canchitas sintéticas para aplicarle el futbolacho, por supuesto bajo techo y climatizado. La única diferencia y lo más raro es que los rusos no le aplican el tercer tiempo. No existe para ellos. Opa partido y cada uno a su casa”, comentan.

Un récord de bicicleta en el hielo
“Yo desde mi primer año me movilizo en bicicleta. Ando probando manejar pero es un poco difícil en la nieve o con hielo en el asfalto. Este año quiero batir mi récord de andar a una temperatura menor a 47 grados bajo cero, que fue en mi primer año aquí”, cuenta William sobre la forma de moverse en el día a día por la ciudad.
Camilo tiene también su receta: “Me levanto, laburo y le pongo onda a mi día. Gimnasio y chupi con amigos los fines de semana, además acá el ómnibus es grande, cómodo y ¡más barato que en Asunción!”

