No solo la imprudencia fue determinante para que se dé este choque, sino que la velocidad con la que venía hizo que arrastre por lo menos unos 20 metros al otro bus, y eso que los dos ya venían bien cargados.
Si bien es cierto que esto pudo terminar en una terrible tragedia, gracias a Dios no pasó de unos cuantos heridos, varios de los cuales fueron dados de alta rápidamente y quedando dos en estado de observación.
Como “castigo divino”, para ver si otro día aprende a no jugar con la vida de la gente, el chofer que entró por el colectivo que paró a recoger pasajeros, quedó atrapado entre los hierros por al menos una hora.

