En una de las casas encontramos una enorme piscina. Es el regalo que habían llevado los Reyes Magos. Allí los niños estaban de lo más felices disfrutando lo que para ellos era un paraíso. Don Carlos Brítez es guardia de seguridad y contó que hizo un gran esfuerzo para poder comprarles la pileta a sus hijos por el calor inaguantable que sufre todo el país.
“Hacía falta ya y les compré a mis hijos. Ellos están muy felices. Con este calor no salen más de ahí. Los mayores también cuando no aguantamos más entramos a refrescarnos porque es la única forma”, contó don Carlos.
Incluso sus primitos y vecinitos van a pegarse un chapuzón. Los que no tienen pileta le improvisan a sus retoños cualquier latona o todo lo que sirva para bañarse como las ruedas de vehículos de gran porte.
Otras cosas que hacen para aplacar el calor es andar con toallita húmeda mojándose el cuerpo constantemente, ducharse a cada rato, algunos de los que tienen aire acondicionado no salen voi de su pieza y otros simplemente duermen afuera.
Sin agua y con un calor de locos
Otra es la sitú de don Felipe Alvarenga y su familia que también viven en el Bañado Sur. Allí, hace añares que tienen problemas con el agua, según relataron. En todo el día muchas veces no sale y cuando sale viene muy poco, solo a las doce de la noche viene mucho y pueden aprovechar para ducharse ahí. A esta situación se le suma el calor de locos y la desesperación aparece cuando no hay agua para tomar si quiera he’i.
“Es muy difícil, pasamos muy mal más todavía con el calor, tratamos de cargar lo que podemos y eso consumimos, a veces se nos termina”, contó. Dijo que sus demás vecinos tienen pozos y se surten de eso, pero ellos no.

