El resultado, sin dudas, queda corto, porque sabemos que en chutes de Copa marcar una buena diferencia de local puede ser decisivo. Pero no por eso hay que dejar de valorar lo que hizo el equipo de Diego Gavilán.
Presionó de entrada, marcó los hilos del partido, pero le faltó tranquilidad para plasmar más temprano en el marcador esa hegemonía sobre el campo de juego.
Lo intentó por fuera con las subidas de Bonet. Lo buscó por dentro con los intentos de Irrazábal y Ledesma. Y también con los remates de afuera de Hugo Lusardi.
Y se tuvo que llegar hasta el descuento del primer tiempo para que justamente Lusardi, ayudado por un defensor venezolano, pudiera concretar ese histórico único tanto del partido.
Había que poner más en la complementaria y Capiatá lo intentó, aunque también se expuso en su arco con los contragolpes del Táchira, uno de ellos desperdiciado en forma increíble.
Lo bueno es que ganó el partido, no recibió goles y aunque la revancha en suelo “vinotinto” no será fácil, tendrá sus chances de liquidar la serie.

