- CONVIVENCIA. Especialistas coinciden en que mejorar la comunicación entre parientes que viven bajo el mismo techo ayuda al bienestar de la pareja.
Las suegras, amadas u odiadas, pero siempre están ahí en el medio del campo de batalla o movilizando la batuta para bien o para mal, pero estamos hablando de la mamá de tu pareja y ese lazo jamás se podrá cortar.
Cuando uno ama y forma pareja la suegra no se elige, viene con el “paquete” completo, pero sí podemos manejar cómo nos vamos a relacionar con ella. Hay que buscar “chulear” las peleas con la mamá de nuestra media naranja porque alimentar los desacuerdos, no solo aumentarán los problemas sino que también golpean negativamente en tu relación de pareja.
Hay personas muy afortunadas que tienen a la suegra soñada, esa que las trata como a una hija o hijo más y se gana su corazón, pero todas en algún momento hacen algo que puede sacarnos de nuestras casillas.
Para mejorar nuestra relación con nuestra suegra es importante conocerla y entender qué es lo que puede estar causando su conducta negativa. Dos factores clave: el respeto y los límites.
Lo ideal es que ambas partes hicieran el esfuerzo necesario para que la relación entre ustedes funcione, en caso de que tu suegra no colabore, es importante que seas vos quien trate de mejorar las cosas.
“Protectoras y metiches”

Hay “suegris” sobreprotectoras, esas que tratan a su retoño o retoña como si aún fuera un niño/a. Es la que vive pendiente de su bienestar, le llama todo el día para ver cómo está, lo lleva al médico, le plancha la ropa y hasta supervisa lo que come.
No compitas con ella ni trates de poner a tu pareja en su contra, mejor ganá su confianza. Está la suegra metiche, la que cree tiene derecho a opinar en todo.
Te dice cómo debe ser una “buena esposa” o “buen marido”, trata de influir en decisiones como a dónde ir de vacaciones o dónde vivir, y hasta te sugiere cómo vestirte y qué comer. Lo ideal es establecer límites claros desde el comienzo de la relación.

