Su ropa huele a pescado. Es el aroma que respira todos los días. No quiere decir su edad porque ya ni lo recuerda, o no lo quiere recordar. Pero el tiempo no importa para él.
“Soy el más viejo de acá, lo de la edad ya no interesa”, dijo.
Casi todo lo que tiene en su vida está ahí, en un hueco en las cercanías del río Paraguay, en Remanso. Su cama es la barca o algún bote. El resto del día lo pasa atrapando pescados de esa panza serena, que es el río.
Es la historia de don Agapito Bogado, considerado por muchos como el pescador más viejo de la zona. Todos lo conocen como el “Rambo del río”. El apodo solo es un “resumen” por todas las andanzas que tuvo en el río.
“Ya pasé de todo en la vida, te puedo contar una y mil historias. Vencí más de mil tormentas en medio del río y salvé muchas vidas, ya nada me asusta”, comenta mientras a su memoria llega un recuerdo.
“Una vez el viento hizo que el bote volcara y caí en medio del río. Nadé kilómetros y kilómetros en medio de una torrencial lluvia. Pude salvarme. Dios siempre me cuidó en las aguas”, he’i.
“Tuve la dicha de salvar un montón de vidas, de personas que estaban por ahogarse, soy un bendecido”. El don comentó que no se arrepiente de todo lo vivido y de lo que sigue viviendo.
“El río es mi casa. Lo poco que tengo es gracias a la pesca”, comenta mientras preparaba su red a metros de las aguas del río Paraguay. En la zona, la mayoría de los niños, adolescentes y jóvenes acuden a él para que les enseñe las “mañas” que aprendió a lo largo de su vida en la pesca.
“Nos enseña muchas cosas. Es un maestro. Un verdadero pescador”, comentó Lucas (17).
Un manguruyú de 90 kilos le dio pelea, he’i
A la consulta de cuál fue el pescado más grande que logró quitar, don Agapito he’i que “un manguruyú de 90 kilos. Me dio mucha pelea, pero pude con él. Parecía un monstruo, era enorme”, dijo. El don comentó que un pescador nunca cuenta todo sus andanzas.
En cuanto a la venta de los pescados don Agapito omombe’u que “a veces no hay nada. Es ahí cuando yo le pido a mi amigo de arriba (por Dios) y Él no me falla. Lo mismo pasa cuando no pesco nada. Pero al pedirle la cosa cambia al instante. Aime porã hendie (estoy bien con Él)”, dijo.
“Siempre digo que cuando me llegue el día será en el río o en sus alrededores”.

