Darío Arsenio L., camino al laburo, se dio cuenta que se olvidó de algo, por lo que tuvo que volver a casa. Llegando en silencio, procedió a ir derechito a donde sabía que estaban esas cosas que se había dejado. Pero unos ruidos entremezclados con extraños chillidos le hicieron ir rápido hacia su habitación.
Allí, como él esperaba, encontró a su mujer Cinthia Mabel G. El tema es que no estaba sola. A su lado, y bastante entretenido, estaba alguien que no era él, sino se trataba de un prójimo llamado Rufino S.
Uno rápido y el otro furioso desataron una discusión que no duró ni diez segundos, ya que Rufino de fino agarró sus cosas como pudo y le pegó un pique de aquellos.
Con una rabia que se lo llevaba el diablo, Darío estaba que ardía. Y al pillar la moto del “cuerno”, la hizo arder también. En seco, y sin dudar, le prendió fuego a modo de “venganza”.
Debieron apagar las llamas
Cuando el fuego se puso más candente, debieron aparecer policías para sofocar las llamas de la moto, mientras Darío explicaba cómo se dieron las cosas.

