
Hay historias que emocionan, enseñan y animan a creer de que no todo está perdido. Es el caso de doña Nina Montero de Stewart y su marido Guillermo Stewart, una pareja de abuelitos que dejan bien en alto la esencia del paraguayo: la solidaridad. Ambos, cansados de ver gente que deben lidiar cada día y cada noche con el frío y el hambre, decidieron montar una casilla en donde dan de comer a personas necesitadas sin cobrarle un solo guaraní. “Ver la felicidad en los ojos de ellos no tiene precio” dijo doña Nina, de 70 años.
El quiosco “solidario” está ubicado sobre la avenida Venezuela, del barrio Virgen del Huerto, de Asunción y funciona de lunes a viernes de 7:00 a 15:00. La pareja contrató a una de las recicladoras para que atienda el lugar y a quien le pusieron un sueldo por su labor. Además les ayudaron a que sus hijos vayan a una escuela de los alrededores para que estén cerca de la madre. “Lo que hacemos lo hacemos de corazón. Surgió al ver la necesidad de muchas personas que no tenían qué comer. Por aquí pasan muchos recicladores, gente que viene a los hospitales de la zona y que está enferma y no tiene qué comer. Todos ellos llegan al negocio para desayunar y almorzar”, agregó don Guillermo. “Atendemos alrededor de 50 personas por día, pero son gente que no tiene qué comer. Con solo escuchar las ‘gracias, Dios se lo pague’ para nosotros es suficiente”, agregó doña Nina.
“Estoy muy feliz por la oportunidad que me dieron”
Liliana anteriormente se dedicaba a reciclar. Ahora es la que se encarga de cocinar, de dar de comer a las personas que llegan al sitio, como así también se encarga de vichear las ropas que son llevadas por la gente. “Estoy más que feliz porque don Guillermo y la señora Nina me dieron esta oportunidad. Además tengo a mis hijos cerca, aquí en la escuela que está en frente”, dijo. La mujer comentó que la mayoría de las personas son recicladoras, o personas que llegan a los hospitales que hay en los alrededores, pero que no tienen nada que comer.
“Sin la ayuda de la gente esto no sería posible”
Los abuelitos dijeron que todo esto no sería posible sin la ayuda de diferentes personas, de la Municipalidad y hasta empresas que le pasan la mano para proveer todo lo que hace falta. “Sin la ayuda de la gente esto no sería posible. Ellos son el motor de todo esto” dijeron. “A todas estas personas que vienen a comer y a abrigarse aquí yo los veo como a mis hijos”, indicó. Por su parte, don Guillermo dijo que lo único que les falta es una “toma-agua”. “Ya hicimos el pedido, pero hasta ahora no pasa nada. Nos hace mucha falta”, señaló.

