- POCOS. Los familiares de la mayoría de los abuelitos, brillaron por su ausencia
La mayoría son padres, pero los hijos que criaron le dieron la espalda hace varios años. No solo en cuanto a lo económico, sino también a algo que para ellos es muy importante para esta última etapa de sus vidas: el amor y el cariño. Hablamos del 95% de los abuelitos del hogar de ancianos “Santo Domingo”, de Asunción.
Ayer, los “abus” tuvieron un Día del Padre diferente. En la mayoría de los casos, no aparecieron los hijos teete, sino los “hijos del corazón”, esos extraños que llevaron un poco de alegría y compañía.
“Nosotros solo queremos la posibilidad de conversar, tener compañía y sentir que la sociedad no nos olvidó” dijo don Victorino Mongelós (78).

“Gracias por venir, ustedes son nuestros hijos del corazón y estamos felices por su visita” decía don Catalino Ávalos (70), quien está en el lugar hace más de 22 años y nunca recibió la visita de algún familiar o amigo. “La compañía es el mejor regalo que podamos recibir”, agregó.
Los abuelitos disfrutaron de un arroz con pollo y una torta, producto de la donación de unos “hijos del corazón”.
“En esta época, los que vienen a visitarles son más las personas que ya no tienen a sus padres con ellos” explicó Esmelda Godoy, encargada de turno.
Don Juan, el más viejo del grupo, pero el más fortachón

Don Juan Viveros es el más viejito del grupo. Tiene 100 años. Ya casi no habla, pero la felicidad se podía notar en su rostro cuando veía a las pocas personas que se le acercaron y le felicitaron por el Día del Padre. Según los enfermeros del lugar, don Juan llegó hace más de 10 años al hogar.
“Cada año en el Día del Padre, él se pone muy feliz porque sabe que va a venir gente a visitarles. Tiene mucha pila y fuerza”, dijeron los encargados.
Poca visita afectó su negocio

Don Víctor Cano tiene 78 años. Es el único de los abuelitos que realiza un trabajo dentro del hogar. Elabora bolsas y fruteras con papel diario.
“Mis clientes son la gente que viene a visitarnos. Cada vez viene menos gente y no puedo vender mis productos por eso”, lamentó el karai. “Es muy importante la visita de la gente. Es lo que nos mantiene con ganas”, agregó.

