Dicen que hay historias dignas de contar. Esta es una de ellas, la de un joven que pudo vencer a las drogas y hoy se dedica a la venta de tortas y a dar charlas en los coles a los alumnos, donde pide a los estudiantes que se alejen de los vicios.
Gustavo Sosa (22) relata cómo una “mano salvadora” lo sacó del pozo. A los 12 años, lo que para él era un acto de rebeldía, constituyó su ingreso al mundo de las drogas. Comenzó con cigarrillos. Los años pasaron y a sus manos llegaron el terrible crack. “Ahí como que ya no me importaba nada. Comencé a robarle a mis padres, no quería saber nada”, dijo.

El tiempo pasaba y todo empeoraba. “Con mi grupo comenzábamos a asaltar por diversión. Todo era perdición. Era un adicto incontrolable”, agregó. A los 19 años le llevaron a Brasil para un rehabilitación, pero la cosa empeoró. “Ahí me drogaba más. Incluso comencé a traficar. Es más, casi me mataron. Es que yo consumía todas las drogas que tenía que vender”, dijo.
“Volví a nuestro país e ingresé al Centro de Rehabilitación ‘Gederdea’. Primeramente estábamos en Coronel Oviedo, y hoy estamos en Encarnación”, comentó. “En ese lugar conocí a quien me rescató del pozo: Dios. Para él no hay nada imposible, y es eso lo que testifico a las personas. Si no fuera por él hoy estaría tres metros bajo tierra o tirado en alguna celda de alguna cárcel”, agregó. “Ahora me gano la vida honradamente. Y aprovecho para visitar algunos colegios para contar a los estudiantes mi testimonio”, he’i.
“Sé que Dios tiene un propósito para mi vida”
“Muchos dicen, incluso la medicina, que dejar el crack es algo imposible, pero yo soy un ejemplo claro y vivo de que no es así. Yo lo dejé gracias a Dios, que puso a personas en mi camino, que me brindaron el apoyo y la ayuda necesaria”, dijo Gustavo. “Sé que Dios tiene un propósito para mi vida. Yo toqué fondo y logré salir gracias a Él. Es por eso que trasmito eso a los jóvenes, a los estudiantes cada vez que se me presenta la oportunidad”, dijo.

