- DEVOCIÓN. Cada Viernes Santo, feligreses de todos los puntos del país acuden hasta el lugar a agradecer por los favores recibidos
ATYRÁ. Ingresando por un estrecho camino de tierra colorada, el color verde de los árboles y los rayos de sol que hacían fuerza para salir en medio de ellos era un marco más que perfecto para poder llegar al pie del llamado “Kurusu cerro”, un lugar que es santo para los pobladores de la zona de Zanja Hû, perteneciente a la ciudad más limpia del país.
Alcides Candia (40), un antiguo poblador de la zona, contó que la cruz que se encuentra en la cima del cerro es muy santificada por la gente del lugar a pesar que se desconoce los años que podría tener la misma, pero sus antepasados ya le rezaban cada Viernes Santo en recordación a la Crucifixión de Ñandejára Jesucristo.
“No podemos decir exactamente los años pero desde pequeñitos la gente ya venía visitando, es una tradición de la comunidad y se empezó a transmitir de generación en generación”, decía el profe Alcides, como lo conocen por la zona al ser maestro de la primaria.
El profe contó que la capillita que se encuentra a unos 300 metros de altura fue construida por los peregrinantes, quienes alzaban los ladrillos de a poco.
“En el año 1985 la comunidad decidió hacer una capilla en el cerro ya que la cruz que estaba en la cima se venía deteriorando con el paso del tiempo. Y la comunidad colaboró con cada ladrillo y un Viernes Santo los peregrinantes alzaban uno o dos ladrillos, como se podía, porque es un cerro muy empinado y llevar en cantidad era imposible”, decía Alcides.
Resaltó que muchas personas suben al cerro a rezarle y a cumplir sus promesas, teniendo siempre presente que el Viernes Santo es su santo día.
Caciques
Según la historia del cerro que se encuentra a unos 5 kilómetros del centro de la ciudad, allá por el año 1600, el alto cerro pertenecía a los caciques en tiempo de las reducciones y evangelización de los indígenas por parte de los sacerdotes franciscanos, quienes se reunían en “Atyha”, hoy conocida como Atyrá, quienes evangelizaban con la adoración a la Cruz y que con el correr de los años se hizo costumbre entre los pobladores más cercanos de la zona.

