Pasó un poco más de un mes y Miguel, quien hace 17 años labura como colectivero, decidió poner fin al “amor por el volante” y renunció a su trabajo. ¿El motivo? Ikuerái del trato que recibía por parte de algunos pasajeros y del sistema del laburo en el transporte público y omombe’u que se dedicará a otra cosa.
“Otra vez tuve un problema con un pasajero por una parada indebida, me cansó y me llevó a tomar esta decisión”, dijo a Latele. “Voy a empezar de cero, golpear puertas (...) es momento de cambiar de historia, de hacer otra cosa”, dijo.

