VIAJE SIN RETORNO. El día de mañana, se cumplen exactamente dos años del trágico accidente rutero que acabó con la vida del animador y locutor que durante años trabajó por mantener las tradiciones paraguayas.
Un 24 de diciembre de 2015, Gabriel Santa Cruz Cañete Vera, más como como “Gabriel Gabo”, regresaba a Asunción desde la ciudad de 1º de Marzo, Cordillera, donde estuvo animando una fiesta de rodeo. En su vehículo lo acompañaban su esposa Myrian Elizabeth Fernández de Cañete y un asistente, Luis Alberto Sosa Palma, “Pesoquita”.

En el kilómetro 48 de la ruta “Mariscal Estigarribia”, zona de Caacupé, un enorme árbol de eucalipto se desplomó sobre el rodado y acabó con la vida de los tripulantes.
Y en una manera de recordar al querido “Gabo” y a doña Myrian, Crónica mantuvo una charla algo dolorosa, pero con frases y palabras llenas de amor, de una de las hijas del animador, Laura Cañete, quien junto con su hermana Lucero siempre recuerdan a sus padres de la mejor manera.
– ¿Qué siente la familia a dos años de la partida de Gabriel “Gabo” y de doña Myrian?
– La familia ya no es la misma desde la partida de mis padres, tratamos de superar su partida con ayuda de Dios y de nuestra Virgencita. Nos cuesta hasta ahora admitir la partida de ellos, pero hay que aceptar la realidad. La vida sigue y no hay vuelta atrás. Tratamos de ser fuertes.
– ¿Son solamente vos y tu hermana?
– Sí. Somos dos nadas más las hijas, mi hermana Lucero y yo.

– ¿Qué es lo que más extrañan de ellos?
– La verdad que se extraña todo de ellos, los recordamos siempre con alegría. Éramos una familia muy unida y la verdad que mi papá era muy simpático, él era el que organizaba los cumpleaños sorpresa, los encuentros con amigos. Siempre estaba feliz a pesar de tener muchísimo trabajo, siempre tenía tiempo para la familia. Mi mamá era el sostén de mi papá, le ayudaba en todo siempre, estaba con él siempre, viajaban y trabajaban juntos y nunca se separaban. Extrañamos todo de ellos, al llegar en casa se siente una nostalgia inmensa, pero sé que ellos no nos dejan solas, se convirtieron en ángeles que hoy velan por nosotros.
– ¿Cómo pasaron la primera Navidad sin tus padres?
– La última Navidad pasamos todo en familia, en mi casa, este año haremos lo mismo. El año pasado hicimos rezo de nueve días. Este año haremos triduo de misa de las 19 horas en la parroquia Virgen del Carmen de Villa Elisa.
– ¿Cómo eran don Gabriel y doña Myrian?
– Mi papá era el que nos malcriaba, le pedíamos algo y ya nos traía, todo conseguíamos con papá. Y mamá era más estricta, pero gracias a eso hoy las dos estamos superbién. Yo creo que la educación en la familia es lo más importante, que los padres estén pendientes de los hijos, y esa disciplina lo aprendimos de ellos. Yo me siento un poco más identificada con mi papá y mi hermana es igual a mi mamá. Mi papá tenía un corazón enorme, una humildad increíble y gracias a eso conoció a muchísima gente y se hizo de grandes amigos.
– ¿Cómo logran salir adelante con la ausencia de ambos?
– La verdad que hasta hoy nos cuesta mucho, nuestra vida cambió rotundamente, ambas trabajamos y tratamos de salir adelante pensando siempre en ellos, en todo momento les tenemos presente. Justamente ayer (por miércoles) fue un día muy especial para mí, defendí mi tesis de la carrera de Periodismo y la verdad que todo el esfuerzo que hice fue por ellos, terminé la carrera gracias a ellos, por eso les dediqué este logro a mis ángeles. Me hubiera encantado que estuvieran conmigo, pero les pude sentir. Les llevo en mi corazón y viven en mí. Eso es lo que me hace cada día más fuerte.
– ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con tus padres?
– Ese 23 de diciembre fue la última vez que hablamos con ellos, estábamos en casa, ellos se estaban preparando para ir a trabajar en la fiesta patronal de Primero de Marzo, la verdad que yo quería ir con ellos pero una tía me dijo que me quede y por eso me quedé con mi hermana en casa. Mi mamá se subió a la camioneta y desde lejos se despidió de mí. Mi papá se persignó frente a un oratorio de la Virgen de Caacupé que tenemos en casa, se puso su sombrero y me dijo “ya nos vamos mami, cuídense”. Esa fue la última vez que hablé con ellos. Luego me escribió un mensaje mi mamá, me pidió que organizara todo porque íbamos a pasar esa Navidad en casa. Pero fue otra la historia.

