En algunos medios dijeron que el hombre era un borracho y adicto a juegos de azar. María Ester Santacruz, sobrina del finado asesino, omombe’u que eso no era cierto.
“No justifico lo que hizo pero él no era un jugador, como dijeron. Él era un gran trabajador, era un buen albañil y macatero, toda la semana se iba a Encarnación a vender su producción y cuando venía invertía su plata en construcciones”, he’i. La doña defendió la imagen de hombre trabajador de su fallecido tío.

