Ahora, uno de los que más platita tocaba, Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, salió al paso del montón de comentarios que se generaron en torno al caso y dijo que sin ese aporte sería imposible sostener a la Iglesia Católica.
He’i que las limosnas que dejan los fieles son “miserables” y que, además, tiene que darles mensualmente parte de lo que cobra a otros sacerdotes que no tocan un peso. Reconoció además que el mismo tiene “unos gastos” que son salvados gracias a esta plata que se recibe desde el Estado.

