El hecho se dio en la zona de puerto Samu’û del distrito de Nueva Alborada. El adolescente estaba aprendiendo a nadar, cuando de golpe desapareció en las profundas aguas del caudaloso y siempre peligroso Paraná.
Según algunos acompañantes, E. Z. M. intentó probar suerte yéndose un poco más allá de lo permitido. Y tras sumergirse, ya no volvió. Los otros dos hermanos que se encontraban con él intentaron socorrerlo, pero por el peligro que corrían tampoco se aventuraron a correr igual suerte.
Luego de unos minutos se dieron cuenta que ya nada había por hacer. Lo que en principio se “armó” como una tarde de domingo a puro pesca y recreación acabó de la peor manera.

