Rápidamente, ante la gravedad de semejante denuncia, más rápido que flash se fueron los uniformados a vichear el tema. Al llegar, encontraron a la maestra lo más tranquila sentada en su clase. El aula presentaba un aspecto normal y ni las moscas volaban.
Por si acaso, pidieron a la docente vichear sus cosas. La misma accedió y ni pistolita de agua no encontraron. Al parecer, todo fue una “bolaterapia”, al decir de un interviniente. De hecho, en el mismo parte policial se hizo la salvedad de “diferencias” entre las mismas y he’i que se pasan nomás luego haciendo denuncias.

