- CARRERA DE OBSTETRICIA. Es la que más prefieren y por ello recorren varios kilómetros para poder estudiar
Marisel Centurión (22) es la primera en llegar a clases. Su lugar preferido dentro del aula es el fondo. Desde ahí escucha atentamente lo que los profesores enseñan. La joven pertenece a la etnia Mbya Guaraní, de Vaquería, Caaguazú. Recorrió más de 240 kilómetros en busca de sus sueños y sabe que esto recién comienza.
A su lado, en clases, se sienta Dilson Trejo (22). El joven, perteneciente a la comunidad Nivaclé, hizo un viaje de más de 635 kilómetros desde Misión Escalante, General Díaz (Chaco) para cumplir con su objetivo de aprender y ser útil a la sociedad. Frente a él en el aula, está la silla que utiliza Eleno Peralta (19), quien sonriente cuenta que pertenece al pueblo nativo Sanapaná, ubicado en Puerto Casado, a unos 650 kilómetros de la capital del país.
Son tres historias, tres indígenas de diferentes etnias que recorrieron varios kilómetros y se encontraron en un mismo lugar: son compañeros en la carrera de Obstetricia en el Instituto Andrés Barbero de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). ¿Es una coincidencia que los nativos hayan elegido la misma carrera? La respuesta fue una sola: “Coincidencia, no”. “Elegí esta carrera porque crecí viendo que en mi comunidad falta más gente que traiga al mundo a los bebés. Es una necesidad. Por eso estoy aquí para en un futuro trabajar por mi comunidad y con mi familia”, expresó Marisel. “Mi idea es prepararme y servir a mi pueblo. Sabemos que hace falta más atención en la comunidad y eso me motivó a estar actualmente aquí estudiando y capacitándome”, dijo por su parte Dilson. “Siempre quise ayudar a mi comunidad haciendo esta labor y me estoy preparando para eso”, agregó a su vez Eleno.
Lejos de casa, pero con el objetivo claro

Marisel fue la primera –y la única hasta el momento– en terminar la secundaria en la comunidad Mbokaja’i de la etnia Mbya Guaraní, en el distrito de Vaquería, Caaguazú. “En el lugar son unas 30 familias las que vivimos, estamos rodeados de soja”, graficó la joven estudiante, quien vive en una residencia que pertenece a la Facultad de Veterinaria, ubicada en las adyacencias del Instituto Andrés Barbero.
La misma recibe la importante ayuda de la fundación Natán, que lucha por ella y por varios otros más. La joven es muy querida por sus compas, quienes lo ven como un ejemplo para su comunidad y para el país. “La verdad que extraño mi comunidad, pero aquí me hacen sentir muy bien. Espero no defraudar, estudiar mucho para poder ayudar a mi gente”, finalizó.

