La mujer de 49 años decidió operarse en 2004 luego de que sus pechos quedaran “caídos y desinflados” tras amamantar a sus hijos.
Como no tenía dinero para someterse a la operación, hace dos años comenzó a meditar la idea de quitarse las siliconas ella misma. La mujer visitó a su médico, pero este le respondió que en el sistema público solo se podía operar si estos se “rompían o causaban un dolor intenso”.
Una vez que decidió avanzar con su plan, compró una botella de desinfectante, guantes quirúrgicos y un bisturí. Se puso hielo encima de la cicatriz que le había quedado tras la operación de pecho. Cuando no pudo soportar el hielo en la zona, tomó el bisturí y cortó un poco y no sintió ningún tipo de dolor. Tomó coraje y lo sacó por completo. Luego “respiró profundamente” y repitió lo mismo en el pecho izquierdo. Luego, se puso gasas, las dejó fijas con un corpiño y fue directo al hospital.
Hubo otra
Ya hubo una mujer yanqui que intentó sacarse las lolas, pero solo pudo quitarse de un lado porque se desmayó.

