Culturalmente, en Japón, los zapatos son considerados repugnantes, al punto tal que es común que las personas se descalcen al ingresar a una casa. Un diplomático japonés manifestó que “si era con una intención jocosa, no lo encontramos divertido”, además de marcar que se sentía “ofendido en nombre de nuestro jefe de Gobierno”.
Segev, el cocinero, se defendió diciendo que no se trataba de zapatos de verdad, sino de réplicas de metal.

