Las voces misteriosas que hablan en el camposanto

| Por Manuel Medina
AÑOS A pesar del tiempo, don Martínez he’i que le gusta su trabajo.
  • AÑOS. Desde muy joven empezó a trabajar, pero siempre tuvo presente las recomendaciones que le había dado su padre

LUQUE. Trabajar en camposanto para muchos es de terror, pero para otros es algo “normal”, porque están más que acostumbrados al punto que lo ven como su segunda casa.

Del Rosario Martínez (67) es uno de los trabajadores más antiguos del cementerio de luquelandia y cuenta que cuando tenía cerca de 30 años empezó a trabajar en el lugar. Nunca escuchó las “voces tenebrosas” de las que los demás hablan, ya que el puesto lo heredó de su padre, quien durante 28 años fue el cuidador y sepulturero del camposanto.

“Nosotros venimos de una familia que trabaja en los cementerios. Algunos son sepultureros, otros son albañiles. A veces se hacen las dos cosas. Cuando hay trabajo hay que hacer mante”, contaba don “Toto”, apodo con el cual todos lo conocen.

Don Martínez contó que cuando empezaba recién a trabajar en el lugar, su padre, don Alfonso, le recomendaba que no se quede al mediodía dentro del camposanto ya que empezará a escuchar voces. Incluso pensará que alguien lo llama, pero él estará solo en el lugar.

“Mi papá siempre me decía eso hasta que me pasó, escuchaba que me llamaban ‘Toto’, ‘Toto’... y me daba la vuelta y no había nadie, estaba solo y eso pasa al mediodía sí o sí. Ahora ya es costumbre para mí eso, pero cuando uno siente la primera vez se asusta”, contaba el karai quien cerca de las 12:00 sale con sus demás compañeros del lugar para ir a almorzar y esperan que pase la hora para volver a trabajar.

“Prendo esa vela, le rezo a Ñandejára y el mal tiempo pasó”

En medio de las miles de anécdotas vividas dentro del cementerio, don Martínez contó que una vez vio a una señora llevar las velas que se quedan frente a kurusu mayor. En medio de su curiosidad se acercó a ella y le preguntó para qué llevaba, y la señora le contó que debe llevar y rezarle que es muy poderosa.

“Le veo a la señora, me dice eso y justo la vez pasada cuando hubo tan fea la tormenta prendo esa vela, le rezo a Ñandejára y el mal tiempo terminó. Pedí por todos para que le proteja pero más por los niños que tienen mucho miedo en tiempos feos y pasó. Increíblemente pasó y fue cierto había sido”, terminó diciendo el karai recordando el momento.

SIN MIEDO. Nunca hizo caso a los comentarios, mas se limitó en tener siempre los consejos de su padre presente.

Entran para otra cosa, pero no hacen nada a nadie, he’i

Don “Toto” resaltó que siempre entran personas con otras intenciones al camposanto, en su mayoría son personas que vienen para fumar y que en varias ocasiones los ve pero no le hacen ni siquiera caso porque entran, fuman y salen otra vez del lugar.

“Te ven, te dice ‘tío, tío...’ (mostrando el gesto de fumar) y qué les vas a decir, porque se van, se sientan, fuman y salen otra vez, no son mala gente, además esto es un lugar donde entran y salen muchas personas al día y uno no le puede prohibir a otros que no entren”, terminó diciendo don Martínez.

Albañil

Antes de empezar su labor en el camposanto trabajaba como albañil recorriendo todas partes del país hasta que se quedó a trabajar en el lugar

37 años

Hace que don “Toto” empezaba a trabajar como sepulturero y luego como cuidador del cementerio de Luque

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