Poner un dinero común para gastos generales y reservar cada uno una parte –en cuentas separadas– para gastos individuales.
Reajustar cada año el presupuesto, acordándolo entre los dos.
No comprar algo que no se necesita: aunque sea muy barato es absurdo. Huir de alquileres, hipotecas e inversiones por encima de las posibilidades reales. Evitar gastar por anticipado lo que no se tiene todavía, abusando de las tarjetas de crédito.

