El animal se alejó de su manada y pasó a territorio serbio. Allí, un granjero reconoció la marca del rumiante, y sabía que pertenecía a un colega búlgaro. El hombre, con toda la mejor intención del mundo, la llevó a la frontera, donde los dos pueblos se conectan.
Ahí vino el pa’ã. Un veterinario de Bulgaria, al no encontrar el papeleo correspondiente para “importar” un animal a la Unión Europea, decidió que se la debía sacrificar, a pesar de estar preñada.
ONG YA ACTIVÓ
Change.org, una entidad pro naturaleza, recogió más de 19 mil firmas para que la Comisión Europea haga una excepción con Penka y no sea ejecutada.

