En el verano del 2004, Philippe perdió la preciada alianza mientras se daba un baño en las aguas de la playa de Saint-Jacques, situada en la región bretona, y difícilmente hubiera imaginado que, casi 15 años más tarde, lo fuese a encontrar.
Philippe pensó que jamás lo recuperaría, pero aparecería Gaël Roulin, un buscador de tesoros que pertenece a Detección 56, una asociación de aficionados de la detección de metales. Lleva dos años paseándose por esa playa de Saint-Jacques en Sarzeau y esta vez su búsqueda dio sus frutos.

