Lo que transcurre después es todavía más inusual. Al entrar, el hombre “corneado” saluda hasta amablemente a su “cuerno” y su doña. “Tranquilopa, no tengo ningún problema contigo. A ella nomás lo que yo quería pillarle así. Sentate vamos a hablar”, le dice mientras los filma a ambos en actitud de mba’e pio kóa sentados en la cama. “Vos si tenés algo con ella, podés tener, no hay problema”, agrega el karai.
La escena transcurre entre silencios incómodos y frases cortas. “Esta es mi esposa, estamos casados.
Vos capaz le conocés mejor que yo”, le dice el don, a lo que el tercero en discordia responde: “Nooo... ahora nomás ella vino”. El karai le desmiente diciéndole que a él ya se le contó todo hace rato y que “ya sabía”.
En ese momento el video llega a uno de sus puntos cúspide, cuando ya llevados de la cama, la mujer se dirige hacia la salida y el marido en un tono casi de pariente, dice: “Bueno, ya nos vamos, disculpá la molestia”.
LA PREGUNTA
Al llegar a otra vivienda, a metros del lugar, el marido llama a una tal Adriana y le dice: “Acá le pillé a mi esposa, se fue a la casa de este karai. Preguntálena Adriana si ella que-pa va a decidir, si va a continuar”.

