El amor se consumó en matrimonio después de un poco más de dos años, pero por un “desliz” de la vida, Julio cayó preso hace cerca de cuatro años. Igualmente, Liz decidió esperar al gran amor de su vida que en meses más ya deberá salir libre. Una vez que salga de la cárcel, Julio le donaría un riñón para que Liz empiece una nueva vida.
“A él le condenaron por robo agravado. Fue un día que estaba internada en el Hospital de Clínicas. Tomó un medicamento muy fuerte que actúa de sedante que es mío y no es para cualquiera y realmente eso le sacó de sí y se fue y de repente le atacó a una licenciada, pero realmente no le llegó a robar. Él después explicó que no sabía por qué actuó de esa forma”, explicó Liz.
Siempre se ven, ya que Liz lo visita en la cárcel de Emboscada. “Un tiempo incluso él me ayudó con los gastos, vendía hamburguesas cuando estaba en el pabellón “Esperanza”, pero luego se le trasladó y ya no pudo”, relató.
Hace 16 años que Liz se somete a diálisis cuatro veces por semana, cuatro horas diarias por su problema renal y su única solución es un riñón nuevo. Actualmente no está en condiciones de salud de trasplantarse por una neumonía que sufrió recientemente, pero espera que cuando su marido salga ya todo esté bien.

En los micros vende chupetines para sobrevivir
Para Liz es difícil mantener un trabajo estable ya que se dializa varias veces por semana, pero no se da por vencida y se sube a los colectivos a vender chupetines. “Yo me subo los días que no me hago mi diálisis a vender chupetines en los micros, es la única forma de juntar para mis gastos diarios porque también pago alquiler”, dijo.
Agregó que recibe además un 400.000 guaraníes mensual de un grupo de paraguayos que reside en otro país, que le ayuda para completar el mes. “Suelo hacer también rifas cuando no me alcanza con la venta de chupetines”, siguió. La gente interesada en ayudarla pueden comunicarse al: 0983-123720.
Su hermana le iba a donar pero después le rompió el corazón
Hace aproximadamente siete años que a Liz se le había abierto el cielo cuando una de sus hermanas se ofreció a ser su donante de riñón. Pero algo pasó, el temor al parecer se apoderó de su hermana, quien finalmente decidió no ser su donante.
“Teníamos que encontrarnos en el hospital, ya estaba todo para el trasplante, pero me llama mi hermana a pedirme perdón, me dijo que no podía donarme. Se fue a Argentina y cinco años después volví a saber de ella”, relató. Liz vive en San Lorenzo cerca de la casa de su mamá.

