Con una madera levanta una de las llaves que controla el funcionamiento de los aparatos “rojo, amarillo y verde”, ubicados en la zona.

“La llave se baja katueterei y entonces dejan de funcionar los semáforos, y eso causa caos en el tráfico. Ya hubo varios accidentes. Es por eso que no me queda de otra que hacer esta labor”, contó a Crónica don Teófilo Benítez, el vendedor de binguitos a quien ya lo “bautizaron” como el “¡semáforo humano!”
“Además, si no hago esto, los vehículos no paran y no vendemos nada”, agregó. Con una sombrilla y una caja -que hace de silla-, don Teófilo se coloca al costado del tablero y está atento en su doble función: vender y hacer funcionar el semáforo.
RIESGOSO
“Sé que es riesgoso, pero qué voy a hacer. Si no lo hago no vendemos nada, nos afecta a todos los vendedores”, finalizó.


