Siete meses después del nacimiento, el bebé (una niña) se encontraba bien, pesaba 7,2 kilos y seguía siendo amamantada por su madre, en buen estado de salud, según el Hospital Universitario de San Pablo, que realizó el trasplante en 2016.
Tras muchos intentos en Estados Unidos, República Checa y Turquía, es la primera vez que un trasplante de útero a partir de una donante fallecida permite llevar a cabo un nacimiento.

