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Familia vive en el medio del cementerio

Primero estuvieron allí los padres de don Morales y ahora él con su familia. Es en la ciudad de J. A. Saldívar. Hace 45 años que ya vive allí, pero el cementerio empezó hace 34 años. Se atornilló a su silla y no quiere vender su propiedad, porque dice que tiene un valor sentimental

Vivir en un cementerio no es quizás una opción para la mayoría, pero a don Claudio Morales (45) y su familia no les quedó de otra y hace años que ya viven en ¡medio de los muertos! Todos le preguntan si no le da miedo, a lo que él responde siempre: “Es más tranquilo vivir entre muertos que los vivos”.

Don Morales vive en medio del camposanto de J. Augusto Saldívar hace añares ya, mucho antes que ese lugar se convierta en cementerio. Él nació, se crió y malcrió allí, ya que es la casa de sus padres. Ni sus padres ni él nunca quisieron venderle a la Muni su propiedad para que sea parte del cementerio, por lo que hasta hoy día, al menos él, su lapa y sus hijos siguen viviendo allí.

Bajo su árbol, frente a su casita.

Hace 34 años, cuando J. A. Saldívar se independizó de Capiatá, la Muni empezó a comprar lotes para hacer el cementerio allí. Muchas familias dejaron su nido y se mudaron para dar lugar al proyecto pyahu, pero los padres de don Morales no quisieron vender lo que para ellos era su hogar. Hoy, tampoco quiere despojarse de aquella herencia que para él significa mucho: el regalo y el recuerdo de sus padres.

“Tiene un significado muy especial porque era la casa de mis padres (ya fallecieron), hay muchos recuerdos acá, muchas historias y no me gustaría que terminen enterradas en un cementerio. La Municipalidad compró ya casi todos los lotes acá pero yo no quiero dar”, dijo a Crónica.

Con él viven su lapa, doña Elva (36) y sus cinco hijos y todos ya están acostumbrados a escuchar el llanto de quienes van a sepultar a sus seres queridos. “Ya no es nada para nosotros escuchar mientras se lamentan. Es cosa de siempre, estamos muy acostumbrados ya. A lo mejor a los que vienen de visita les ha de ser chocante, pero a nosotros ya no”, agregó. “Muchos creen que acá hay fantasmas y esas cosas pero es mentira, es muy tranquilo”, siguió el karai.

“Donde me voy me preguntan si acá no hay póra”

Su lapa, doña Elva, contó a Crónica que antes le parecía misterioso vivir en medio del cementerio, pero tras años de ver que no pasa nada, se le pasó el temor y anda hasta de noche por ahí.
“Donde me voy nomás me preguntan si acá no hay póra y les explico que no. Los que vienen a visitarme a veces entran con miedo”, relató.

En la entrada, donde está el caminito que les lleva a su casa.

Comentó que ella cree mucho en Dios y la Virgen de Caacupé. “Yo estuve hace poco en coma, estuve muy enferma realmente y a mí fue Dios quien me salvó. Si uno tiene fe en Dios ya no cree más luego en esas cosas”, he’i. Don Morales es albañil y aparte es empleado de una empresa y ña Elva se encarga de los niños, la casa y los animales, ya que crían pato, cabra, ere eréa.

Brindó en medio de los muertos

La Navidad y el Año Nuevo como todos los años, don Morales pasó allí en su casa, un lote bastante espaciado pero donde solo una divisoria casera los separa de los muertos, sí o sí hay que pasar por el cementerio para llegar a su casa.

“Pasamos muy tranquilo, en familia, brindamos y todo”, dijo en un contundente guaraní don Morales. Explicó que desde que nació pasa siempre las fiestas allí y que no podría ser en otro lugar que no sea su hogar. “Nuestros parientes ya están acostumbrados también a visitarnos acá”, dijo. Los albañiles del camposanto ya les conocen todo, incluso a veces van a compartir un tereré con él. “Acá hay gente muy trabajadora, si alguien nos pide agua nosotros les damos porque vemos el sacrificio”, explicó.

Mucha Fe
Doña Elva contó que es una persona de mucha fe y por eso no cree en las almas en penas umía. Avei su marido, don Morales, ellos siempre le rezan al Kirito para que los proteja.

De todo
Varias cosas buenas y malas ya pasaron en su humilde, pero acogedora casa. Esos recuerdos son incomparables, según manifestó don Morales, quien se crió con sus seis hermanos.

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