Una de las patrulleras de la Comisaría 3.ª Central acudió hasta el sitio, en el interior del automóvil de la marca Nissan se encontraba un tipo que ni bien opillá que les cayó la “autoridá” le metió pata al acelerador y se mandó mudar.

Los agentes bajaron de la patrullera y al dar algunos pasos hacia la entrada principal, en donde se encuentra la cruz mayor, vieron a las mujeres. En ese momento los oficiales altean a las extrañas de la noche, quienes no tuvieron tiempo de escapar, ni el “demonio” las iba a salvar.
En el lugar encontraron un frasco que contenía un líquido lleno de gusanos, que desprendía un olor desagradable, que le dio un py’ajere a los volái, también tenían velas, cigarros, comestibles y otros elementos utilizados para la ofrenda a los malos espiritukuéra, que por la intervención se quedaron sin ofrenda.
Las “payeseras” terminaron detenidas y derivadas hasta la sede policial. Al principio los polis pensaron que se trataría de ladrones de placa de bronce o de los famosos robahuesos. Consultamos con el Maestro Diego Parra, mentalista, para saber de qué podría tratarse el gualicho que dejaron y dijo que era una ofrenda dirigida al diablo, para peticionar o agradecer alguna ayudita demoniaca, ¡hesúkena!


