Quedó anonadada por Samba, el péndex africano, y al regresar a su casa abandonó a su marido para vivir su vida al lado de su nuevo amor. Primero viajaba dos veces al año a África para el encuentro, pero después decidió dar un paso más.
Gastó el ahorro que tenía para preparar su nuevo casorio, por supuesto todo pagado por ella. Nadie de su familia fue a la boda, pero a ella no le importó, estaba tan enamorada de su novio que trabajaba como carpintero que nadie iba a arruinar su sueño.
Después de pagar y tramitar los permisos para que Samba se pudiera mudar a Reino Unido, ambos se instalaron en Machynlleth, en Gales. Pero en ese mismo instante, la relación cambió por completo.
Samba no quería mostrarse con la mujer que era mucho mayor porque pasaba pelada. La mujer trabajaba todo el día mientras que el joven se pasaba en la casa haraganeando.
El péndex solo la utilizó para casarse y así lograr la nacionalidad británica, pero avei la mujer empezó a sospechar que su esposo le era infiel.
Y aunque él se lo negó con vehemencia, descubrió que no solo había tenido una relación extra matrimonial, sino que también había tenido dos hijos con su amante.
Ella se cansó y se separó porque el hombre solamente quería un pasaporte y una vida en Europa. Al mirar su historia en retrospectiva, Margaret expresó que tiene “el alma destruida” y advirtió a otras mujeres de su edad de este tipo de engaños.
“Mi abogado ve casos similares al mío todo el tiempo. Estos chicos buscan a señoras blancas y europeas para quitarles todo”, concluyó.

