Ella se llama Marlene, vive en Hernandarias, en el barrio Virgen de Fátima, y desde hace 7 años, todos los días va hasta la rotonda de Área 6 de la ciudad esteña para vender sus ricos bollos, hechos de manera casera por su mamá y su papá.
La joven cursa el 9º grado, asegura que la labor que hace es para ayudar a sus padres y hermanos quienes también todos los días salen a trabajar vendiendo el rico choclo para el chipa guasu o mandioca para acompañar la comida del mediodía.
Marlene es la quinta de 9 hermanos, y sueña con algún día poder llegar a ser una profesional de la salud, estudiando enfermería.
“Quiero ser enfermera cuando termine el colegio”, asegura la joven con una tímida voz en medio de la charla.
Día a día llega a su puesto de 13:00 a 18:00 horas y alcanza a vender entre 70 a 90 bollos diarios, que son hechos con mucho amor y el condimento secreto, las ganas de superarse día a día.
“Me compran lo que pasan por la ruta, ya conocen el puesto y siempre pasan por ahí”, terminó diciendo la jovencita, quien muchas veces la tarea del cole lo tiene que hacer en su puestito.

Así prepara el bollo la mamá de Marlene.

